Análisis

La última balsa de Fidel

Castro asaltó el poder y dio alas al comunismo caribeño. Fue el gran tirano del siglo XX

30.11.2016 | 06:47

Fidel ha vuelto a nacer. La muerte física engrandece el mito y convierte en referente sobrenatural a quien ya era considerado una especie de Dios en vida por sus partidarios en todo el mundo. A ellos poco les importan los miles de balseros que se lanzaron al estrecho de la Florida, a buscar libertad y de paso, una "ropa vieja" en el Café Versailles. Que nadie se engañe. Pocas cosas cambiarán en Cuba ahora, al menos mientras Raúl Castro, el hermano fiel, maneje el timón de la Isla, la probabilidad añadida de que sea su hijo, el coronel Alejandro Castro Espín,("El Tuerto"), de 50 años, quien le suceda. La apertura económica seguirá su lento curso, atendiendo a los intereses del Gobierno, pero los partidos políticos seguirán ilegalizados y el acceso a internet vetado a la población.

La historia oficial del último dictador del siglo XX, comenzó el dos de enero de 1959 cuando el mundo amaneció con el triunfo de la Revolución Cubana. Un puñado de jóvenes barbudos entraba victorioso en La Habana y derrocaba al régimen corrupto de Fulgencio Batista. Aquellos hombres –casi todos universitarios procedentes de buenas familias, apoyados por la alta burguesía que odiaba a Batista-pronto empezaron a tejer una maraña de podredumbre superior a la generada por "El Animal", apodo del dictador antecesor de Fidel Castro que rigió los destinos de Cuba entre 1952 y 1959, tras haber sido presidente entre 1940 y 1944.

La vida de Fidel, descendiente de asturianos y gallegos, fue pura contradicción. Bajó de la Sierra Maestra rezando el Rosario con una mano y con la doctrina marxista en la otra. Fidel sembró desconfianza sobre sus auténticas intenciones entre los que anticiparon la jugada y se marcharon los primeros. El tiempo les dio la razón.

En 1945 Fidel Castro Ruz pronunciaba, en nombre de los alumnos, uno de los discursos de graduación en el colegio de Belén, los elitistas Jesuitas de La Habana, haciendo un alegato de la educación privada que el Gobierno quería reformar. Ante el vicepresidente de la República, Raúl de Cárdenas, el arzobispo Manuel Arteaga y otras autoridades, Castro, explicaba al público que "la enseñanza privada en los diversos países va desde la más completa libertad, como en los EEUU, hasta la más absoluta concentración como en la Rusia comunista y la Alemania nazi". Aquel joven brillante, maestro de la retórica llegaría lejos escondiendo sus auténticas intenciones. Nadie podía pensar aquel día que ante ellos estaba el mayor defensor que ha tenido el marxismo en las últimas seis décadas.

Fidel Castro asaltó el poder y dio alas al comunismo caribeño. Fue el gran tirano del siglo XX, un personaje irrepetible que sí tiene en su haber la lucha contra la profunda desigualdad de la sociedad racista y clasista de la Cuba de los años cincuenta. Educación y Sanidad son sus grandes logros, negarlo sería una necedad. El comandante creó escuela y extendió sus tentáculos por América, África, Asia e incluso Europa, donde sufrió su primera gran derrota con el 'desmerengamiento' del comunismo soviético , como él llamó a la caída del telón de acero.

En 1992 visitó España para participar en la II Cumbre Iberoamericana. Fidel apareció majestuoso con traje y barba bien cuidada. Era tan alto e imponente que todas las miradas se volvían a su paso. Verlo actuar en Madrid fue un buen modo de calibrar el poderío que exhibía aquel hombre para lograr hacer de Cuba su finca particular. El desmesurado ego de Fidel, siempre revestido de verdad absoluta y la capacidad de convencer sólo con la mirada, fueron sus grandes aliados para escalar puestos y librarse de todo lo que "estorbaba" a sus planes. Igual daba que fuesen amigos, familiares o estrechos colaboradores. Nada importaba, sólo su propia gloria.

Durante casi sesenta años la antigua Perla del Caribe, la patria de José Martí y de Maceo, cuyos retratos cuelgan en el despacho de Raúl Castro, es la única dictadura oficial de América, con once millones de habitantes sumidos en la precariedad. Cuba es una caricatura del país próspero que fue en las primeras décadas del siglo XX, cuando era el único del mundo con varias cosechas anuales de caña de azúcar y tabaco que daba mil vueltas a la atrasada España a la que los indianos antillanos traían aquellos electrodomésticos desconocidos.

Fidel puso a Cuba en el mapa, pero para señalar a la Isla como ejemplo de gestión desastrosa. Antes del comandante el país contaba como uno de los más ricos de América, con una clase pudiente que viajaba a Estados Unidos para pasar el fin de semana y con jóvenes, que como Fidel, conducían los últimos modelos de Pontiac y Cadillac. Los cubanos de Miami, comunicados con la isla a diario por avión y a través del ferry que unía La Habana y Cayo Hueso, fueron los que apoyaron con más entusiasmo la llegada de Fidel. Fidel se ha muerto sin ver el restablecimiento oficial de esa conexión interrumpida 55 años, que ahora aspira a prestar, entre otras, la española Balearia, con un ferry de alta velocidad que cruza el estrecho de La Florida en tres horas.

"Seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte", declaraba el lugarteniente argentino de Castro, Ernesto 'Che' Guevara. Los funerales del 'Che', Santa Clara (centro) en 1997, fueron lo más parecido a una ceremonia de Estado luctuosa desde hace más de un siglo. Eso será hasta el cuatro de diciembre cuando Fidel, el inmortal, sea despedido en Santiago de Cuba. El viaje definitivo no ha hecho más que empezar.