REDACCIÓN
La urgencia que el Gobierno ha conferido a la aprobación y plasmación de las reformas no ha conseguido aplacar las tensiones de los mercados nacionales e internacionales. Un repaso a la evolución que han seguido importantes indicadores, como el Ibex 35 y la prima de riesgo, muestra que la inquietud sobre la economía española se mantiene.
¿Qué es?
Junto a las cotizaciones bursátiles, otro medidor que ha cobrado gran importancia en el último año es la prima de riesgo, que mide el diferencial de lo bonos españoles en comparación con sus homólogos alemanes a un plazo de diez años. En resumen, es la rentabilidad adicional que los inversores exigen por comprar deuda de países cuyo reembolso consideran más arriesgados. Si la prima de riesgo es alta, el inversor que haya comprado deuda pública de un país tendrá menos seguridad de ver amortizada su adquisición. Esta tensión dificulta la financiación exterior de los Estados y condiciona también la actividad de los bancos. Es decir, cuanto más elevada sea la prima, menos confianza tendrán los inversores y los mercados en ese país.
En momentos de volatilidad, los inversores optan por comprar valores seguros, aunque la rentabilidad sea menor. Como el español no es bono tan seguro, el inversor le pedirá un mayor interés para prestarle dinero, por el temor a que ese país no le devuelva el dinero prestado.
¿Como se calcula?
Los mercados secundarios de deuda dan la clave para calcular la prima de riesgo. Ellos facilitan el dato de la rentabilidad del bono alemán a 10 años y del resto de países. La resta de estos valores números proporciona la prima de riesgo de dicho país. Por ejemplo, si la rentabilidad del bono a 10 años de Alemania es del 3%, y la de España es del 6%, la prima de riesgo de España es de 3 puntos porcentuales o 300 puntos básicos, porque cada punto porcentual son 100 puntos básicos.
Y si un inversor compra deuda pública de un país con una alta prima de riesgo, los intereses que deberá afrontar el Estado crecerán en la misma proporción, lo que debilita las arcas públicas. El precio de la deuda alemana se toma como referencia porque se la considera como la más fiable: esto es, Berlín paga siempre de manera segura y en los plazos exigidos. ¿Porqué se necesita emitir deuda pública? Porque si no hay endeudamiento, las posibilidades de crecimiento económico de un país quedan lastradas. Todas las naciones acumulan déficit. La cuestión es la cuantía de ese déficit, más alto en los países que han debido ser rescatados. El problema, para muchos analistas, es que los altos intereses a los que deben hacer frente los Estados por la financiación que perciben son extremadamente altos, por lo que apenas quedan posibilidades de sacar rendimiento a esos recursos.
¿Qué nivel debe alcanzar la prima de riesgo para el rescate?
Según los expertos, aunque no existe unanimidad, la rentabilidad del bono debe situarse alrededor del 7% para que se considere la opción del rescate. En la primera semana de agosto, la más tormentosa para la economía española antes de la nueva tormenta financiera previa a las elecciones del 20-N, la rentabilidad del bono español oscilaba en el 6,25%.
Basta una rápida mirada para comprobar la inseguridad que trae aparejada la prima de riesgo. El 7 de mayo, de 2010, después de una semana de fuerte incertidumbre y pérdidas generalizadas en el Ibex, la prima de riesgo española (o riesgo-país) se situó en 164 puntos, un 60% superior a lo que había marcado siete días antes. El pasado 16 de junio, la prima de riesgo se situó en 282 puntos. Sin embargo, más acusados fueron los aumentos en la semana del 11 al 16 de julio, más concretamente en la mañana del 12 de julio, cuando el riesgo-país alcanzó los 375 puntos básicos. La primera semana de agosto disparó de nuevo las alarmas. El riesgo país de España se elevó hasta rondar los 420 puntos con una rentabilidad cercana al 6,25 %, un nivel desconocido que volvía a situar en mínimos la capacidad de generar confianza de la economía española en el exterior. Cuando parecía que la situación se estabilizaba con la paulatina introducción de ajustes y el respaldo de la UE al rumbo que tomaba la economía española, la desconfianza de los mercados financieros hacia Grecia e Italia, a pesar de la implantación de gobiernos tecnócratas, terminó por afectar a España. Así, la prima de riesgo se disparaba de nuevo hasta los 450 puntos. Un dato que denota el marcaje continuo de los mercados, a pesar de los vientos de cambio en Moncloa.
¿En cuanto estaban situadas las primas de riesgo de los países que han sido rescatados?
Grecia, el paradigma de déficit y el bono 'basura', disponía de una prima de riesgo cercana a los 1.000 puntos cuando fue rescatada. Portugal e Irlanda mostraban niveles más contenidos. La prima de riesgo lusa era de 600 puntos y la de Dublín algo más baja, cercana a los 580 puntos. Pero laa prima por sí sola no es baremo suficiente para juzgar la conveniencia de un rescate. Influye también el déficit -mucho más acusado en Italia que en España- y la cantidad de deuda que posean inversores extranjeros. Este último punto si puede resultar preocupante para nuestro país, ya que cada vez mayor importe de préstamos está en manos de inversores extranjeros.
¿Y qué consecuencias tiene el ascenso para las familias y los ciudadanos?
S la prima de riesgo sube, las entidades financieras tienen también más dificultades para captar fondos en el exterior. Ello redundará de forma negativa en los clientes, que tendrán que hacer frente a intereses más altos para devolver los préstamos. Esta situación de falta de liquidez en las familias reduce su posibilidad de consumo, lo que dificulta la recuperación económica, pero además esa falta de crédito anula la capacidad de las pequeñas y medianas empresas de llevar a cabo proyectos y generar actividad, por lo que muchas de ellas se ven obligadas a cerrar.
Si el Estado gasta más en pagar intereses, es bastante probable que deba reducir gastos en otras partidas públicas, como las becas, el gasto farmacéutico, las subvenciones a las pymes. Otra consecuencia es que el Estado necesitará más ingresos públicos para compensar el abono de estos intereses, por lo que las subidas de impuestos pueden convertirse en una medida habitual. La ampliación de la edad de jubilación y el abaratamiento del despido son otros de los efectos del incremento de la prima de riesgo, como se percibe en las reformas del mercado laboral y de las pensiones.
Ibex
El gráfico de evolución del Ibex en el último año dibuja una trayectoria de continuos toboganes. A comienzos de julio de 2010, las noticias sobre el ímpetu reformador del Gobierno animaron a los inversores, que devolvieron al selectivo al optimismo. El 29 de junio, el índice tocaba mínimos, con 9.160 puntos tras una caída del 5,45%. Poco a poco, la Bolsa española recobró ímpetu, apoyada también por los pasos que se propiciaban en la reforma de las cajas. Así, el 18 de octubre, el selectivo se situaba en los 10.897 enteros tras anotarse una subida del 0,27%.
Pero las incertidumbres no se despejaban. La dificultad en la reforma de las pensiones y la crisis de deuda de algunos países europeos como Grecia, Irlanda y Portugal empujaron al selectivo de nuevo por la senda de las caídas, como quedó comprobado el 30 de noviembre, cuando el índice cayó hasta los 9.267 puntos después de perder un 0,62%. De manera paulatina, con la sensación de que las reformas eran lentas pero inexorables, el selectivo ha ido recobrando la tranquilidad. El 17 de febrero, dos meses y medio después, el Ibex alcanzaba los 11.113 puntos.
Sin embargo, el carácter cíclico de los mercados bursátiles es aún más apreciable en coyunturas de inseguridad como la actual. La crisis de la deuda pública española, el estancamiento en la reforma financiera y el desgaste del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero han hecho retroceder de nuevo al Ibex. En la semana del 13 al 19 de junio, el selectivo llegó a caer hasta los 9.918 puntos. Más graves han sido las recientes caídas, en la semana negra del 11 al 15 de julio y la primera de agosto. El martes 12, el índice del selectivo cayó hasta los 9.670 puntos en una jornada marcada por los rumores de quiebra de Grecia y complicaciones en Italia. Los días 1 y 2 de agosto, la situación fue aún peor. A la situación de Grecia y España se añadía la inestabilidad por el techo de deuda de Estados Unidos. El Ibex quedaba el miércoles 3 de agosto en 9.037 enteros, una cota que, junto a la prima de riesgo, ponía de nuevo a España en el centro del huracán financiero, como quedó demostrado el 10 de agosto, cuando el selectivo cerró la jornada en 7.966 puntos tras perder un 5,49%. Un mes y medio más tarde, el 22 de septiembre, cuatro días antes de que el presidente Zapatero anuncie la convocatoria de las elecciones anticipadas, el selectivo se desploma hasta los 7.830 puntos. La compra de deuda por parte del BCE ha contribuido a paliar la crisis bursátil, pero no a resolverlo de forma completa. Resolver el problema del déficit público, en especial el de las autonomías, y acelerar las reformas son los mensajes que los mercados han lanzado a España para recuperar plena confianza en la economía del país, como ha puesto de relieve el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez.
