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Zapatero no era gafe

01.07.2008 | 00:00

Fernando Jáuregui

La españolísima ´acusación´ de que alguien es gafe acabó recayendo en los prados del presidente del gobierno. Creo recordar que Zapatero no es el primer jefe del Ejecutivo a quien le echan encima el sambenito, pero probablemente nunca con tanta saña, puesto que ya se sabe que el actual inquilino de La Moncloa no deja a nadie indiferente. Y quienes le odian le odian a fondo. La atribución de ´gafismo´ contra alguien no deja de ser una muestra de incultura y de mala uva: se comenta a todos, menos al interesado, que la víctima de esta maledicencia provoca desastres con su sola presencia. Y el gafe, ignorante de lo que de él se dice, advierte como un vacío en su entorno que él no alcanza a entender. Su condición es la del apestado que no sabe que tiene la peste. Sería de risa, claro, si no fuese esta una señal de la crueldad estúpida del sustrato nacional. Me consta que ha habido gente que ha sufrido lo indecible al haber recaído sobre ellos esta marca invisible, y por eso indeleble. El hecho de que una página web pidiese a Zapatero, presunto gafe, que no acudiese a la final de la Eurocopa en Viena haya sido la más comentada en los últimos días no deja de ser chusco, pero también significativo. Una gracieta que más de uno se tomó en serio y bastantes aprovecharon como una forma más de lanzar piedras a la cabeza del presidente.
Bueno, ya hemos visto, que Zapatero no es gafe. O al menos no lo fue este domingo en Viena, porque no faltará quien, tozudo, insista en que el presidente es responsable, por su condición de malaje, de cuantas desgracias nos acontezcan, desde la subida del precio del petróleo hasta la sequía. Los italianos, que tienen más sentido del humor y menos mala leche, lo resumían con la clásica frase ´Piove, porco governo´. A mí me ocurre con esto del gafe como con los debates sobre si Zapatero y sus ministros utilizan o no la palabra ´crisis´ para definir la situación económica, o con las eternas disquisiciones acerca de las razones que hayan impulsado a una ministra novata a emplear un palabro que ni está ni estará nunca en el diccionario: me parece que, mientras nos entretengamos en estas cuestiones, tan del gusto de los cenáculos, los mentideros y las barras de los bares, no entraremos a fondo en la crítica y el debate de los asuntos verdaderamente serios. Porque vamos a ver: no me digan que en la trayectoria de Zapatero, en esos mil quinientos y pico días que lleva en el timón desde aquel 14 de marzo de 2004, no se les ha ocurrido a algunos cosa mejor que reprocharle que su atribuida condición de gafe. Lo dicho: ZP es un tipo con suerte.

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