Podemos

 

Lola Clavero

Podemos. Podemos alegrarnos del triunfo de la Selección Española sin miedo a parecer vulgares y ordinarios. Que las mentes sombrías no nos acusen de sacar charanga y pandereta cuando la economía española merece un gorigori. Precisamente porque la realidad y las noticias llevan un tiempo inyectándonos la angustia en vena, merecemos un poco de alegría. Y expresarla en su justa medida, con la contención adecuada al desenfreno. La euforia no se celebra con ritos tibios; precisa desde el tiempo de Dionisio de mucho griterío y despiporre. Saquemos sin prejuicios la parafernalia del triunfo; camisetas y banderas rojigualdas, las pelucas y el bombo de Manolo, a por ellos. Volvemos a ser la Armada Invencible, lo ha dicho la FIFA y el mundo entero. Que nos dejen ser felices aunque sea la semana de resaca. Porque lo que ha pasado es lo más bonito que le ha ocurrido a este país desde hace un tiempo. Una victoria de la nueva España que conjura las viejas lacras de la abulia y el derrotismo y mira al futuro con fe y confianza. Lo que no se consigue en el Congreso de los Diputados, lo han conseguido los chicos de Aragonés durante al menos unas semanas. Hemos sido la España total que, olvidando las insanas diferencias, ha caminado unida hacia un mismo objetivo. Que ya dijo el egregio Menéndez Pidal que era el único modo de avanzar hacia el progreso. No ha lugar a improcedentes confusiones, por fin la bandera española ha sido símbolo compartido de los unos y los otros y no el emblema exclusivo de la celebración caduca de la gesta nacional. Estas banderas ondean con viento nuevo y han sido levantadas por jóvenes, ya bien lejanos al recuerdo de siniestras experiencias patrias. Los símbolos del orgullo nacional han sido liberados del secuestro de aquellos cuantos que hicieron del patriotismo un sentimiento rancio y resentido contra la otra mitad de la patria, por lo menos. Nada de vuelta al pasado, el fútbol ha sido un arma cargada de futuro; la poesía épica que entiende el pueblo, poesía necesaria como el pan de cada día, que nos ha dado la paz y la palabra.
Porque hay veces que un partido se resume en veintitrés tíos en pantalón corto corriendo tras un balón como pueden resumirse algunos lienzos en cuatro rayajos, pero resulta que el talento hace arte de la abstracción y estética del fútbol. Y lo que hemos visto en cada encuentro de la Selección ha sido plasticidad hecha deporte y viceversa, apta para las sensibilidades más refinadas. Una coordinación de pinceladas dispuesta en la exacta armonía de movimiento y colores. El canto de cisne de un hombre que, entregando toda su vida al fútbol, ha llegado a encontrar la plena sabiduría de la fórmula exacta, agrupando en torno a sí el entusiasmo de una juventud que vuelve a creer en la victoria. En la victoria que se alcanza con constancia y esfuerzo y no por el birlibirloque del pelotazo. Podemos. Podemos creer que es posible el entendimiento entre viejas y nuevas generaciones. Que la pujanza de la nueva juventud respeta las canas de la experiencia y aprovecha las lecciones de la sabiduría fundamentada para crecer. El manteamiento del sorprendido Aragonés a mano de sus jugadores es una emotiva prueba de lo que puede lograr la colaboración entre jóvenes y mayores.
Podemos. Podemos dormir tranquilos; el relevo generacional ya no es un nubarrón que presagie catástrofes en el futuro. La solidaridad mueve en los nuevos españoles una conciencia de grupo que no entiende de viejos intereses rivales. La figura de la Selección ha sido todo el equipo animado por un unívoco sentimiento de colaboración y armonía. Ni la lesión de David Villa pudo detener lo que había sido diseñado como una labor de conjunto. Ninguno quiso ser estrella sino pieza de un engranaje perfecto que funciona a lo Fuenteovejuna. Unidos vengaron el honor contra el prepotente comendador, el campeón italiano, que con tan malas artes ganó el último Mundial. Y todo con un juego limpio, honesto; de estatura deportiva y moral. Hay que decirlo; no fueron los más guapos ni los más altos, pero sí los más auténticos. Los mejores. Como experiencia ejemplarizante, nos anima que los mejores ganen, lo que no ocurre casi siempre en el fútbol y en la vida.
Podemos. Podemos alegrarnos a pleno pulmón y como nos dé la gana por la victoria en esta Eurocopa que nos da instrucciones sobre el camino que tenemos que seguir. El de una España unida que entierra los fantasmas del pasado y afronta cualquier obstáculo con voluntad, fe y confianza. La España que en poco tiempo supo ser democrática, gestando entre todos una transición serena y admirable. Este país es un gran país cuando se lo propone; cuando por fin se decide a jugar en un solo equipo. Y está claro que nosotros podemos. Podemos.

  HEMEROTECA
  Las fotos 'raras y curiosas' del día

TEXTO

DESCRIPCION
 Ver galería »
  LA SELECCIÓN DE LOS LECTORES
 LO ÚLTIMO
 LO MÁS LEÍDO
 LO MÁS VOTADO
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de laopiniondemalaga.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 


  Aviso legal
  
  
Otras publicaciones del grupo
Diari de Girona | Diario de Ibiza | Diario de Mallorca | Empordà | Faro de Vigo | Información | La Opinión A Coruña | La Opinión de Murcia | La Opinión de Tenerife | La Opinión de Zamora | La Provincia | La Nueva España | Levante-EMV | Mallorca Zeitung | Regió 7 | Superdeporte | The Adelaide Review | 97.7 La Radio | Blog Mis-Recetas | Euroresidentes | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya