Especuladores y especulados

07.07.2008 | 00:00

Juan José Millás

Dicen, como para consolarnos, que gran parte del precio del petróleo es especulativo. En otras palabras, que no se debe a causas reales, que un litro de gasolina, de no ser por los tiburones financieros, valdría mucho menos. Que no nos asustemos, en fin, no es para tanto. Se trata de una burbuja, de una pompa de jabón, de una ampolla que tarde o temprano reventará. Qué bien, que gusto cargar el coche y pagar con el conocimiento de que, aunque te haya costado un ojo de la cara, te podría haber costado medio ojo si no hubiera gente enredando por las bolsas mundiales. Ahora que, bien visto, quizá en el fondo todo sea especulativo. El mercado tiende a la especulación como las plantas hacia la luz, en una suerte de movimiento reflejo que forma parte de su naturaleza. Quiere decirse que predicar que el precio del petróleo es especulativo resulta una tontería. También lo es el del pan y el del pescado y el de la fruta. Incluso el de los políticos corruptos. Probablemente se les podría comprar por la mitad de las cantidades a las que se venden.
¿Acaso no era especulativo el precio de la vivienda? Sí. ¿Y qué? Ello no evitaba que tuviéramos que empeñarnos durante el resto de nuestra vida. Es cierto que ahora empieza a reventar la burbuja, pero no revienta en la cara de los que especulaban, sino en el rostro de los especulados. Los especulados están que se suben por las paredes con toda la razón. No tiene ninguna gracia que lo que compraste por cien valga ahora ochenta, y bajando. Lo mismo ocurrió con la llamada burbuja tecnológica. La gente que invirtió sus ahorros en acciones de ese tipo de empresas lo perdió todo de un día para otro. Y eso que se trataba de un sector de vanguardia. ¿Recuerdan el discurso de la época?
En el altísimo grado de orgullo patriótico provocado por las hazañas de nuestra selección de fútbol, también hay seguramente un punto de inflación especulativa. Se especula con todo, en fin, para inflar su valor de manera artificial. Podemos observar el fenómeno desde el punto de vista del especulador o de la víctima. Cuando alguien, cerca de usted, afirme que el precio de la gasolina es especulativo, no lo dude: o es un especulador o un tonto.

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