¿Se echa al monte Zapatero?

10.07.2008 | 00:00

Antonio Casado

Hablan del aborto por no hablar de la crisis". Eso opina el Episcopado, en coincidencia con el PP, sobre el recetario de propuestas alumbradas por el PSOE en su reciente congreso federal. Puede ser. Ni este ni ningún otro partido político suele hablar de lo que no le conviene. Una mala práctica que los ciudadanos, si la detectan, deben cobrarse luego en las urnas.
Tampoco el PP, cuando estaba en el Gobierno, hablaba de la guerra de Irak ¿Recuerdan los ataques de contrariedad que sufría Aznar cuando le preguntaban por su desdichada apuesta, o los desplantes del ministro de Defensa, Federico Trillo, ante la curiosidad de nuestros colegas en las ruedas de prensa? Con una diferencia notable. Aquello, efectivamente, fue una decisión personal de Aznar, mientras que no es Zapatero, el actual presidente de Gobierno, quien ha decidido desencadenar esta crisis económica que nos aqueja.
Otra cosa es la cuestión de las prioridades. Me apunto a la reprobación de un congreso de partido que, debiendo ser una caja de resonancia de las preocupaciones de la ciudadanía, no sólo de las de la militancia, sobre todo cuando se ostenta la responsabilidad de gobernar, no ha prestado la atención debida a la crisis económica en orden a su rango en la escala de inquietudes públicas. Pero ese vacío no supone olvidar asuntos que, aunque no tan perentorios como los del bolsillo, forman parte de las preocupaciones sociales.

Por ejemplo, la necesidad de avanzar en el desarrollo de los derechos individuales. Ahí encaja la necesidad de regular el voto de los inmigrantes, el derecho a una muerte digna, la seguridad de las mujeres que decidan abortar o la separación real de la Iglesia y el Estado. Citados quedan los temas de mayor repercusión política y mediática. Por cierto, asuntos de clara estirpe liberal: el individuo, lo primero, por encima del Estado, la clase social, la Iglesia, y, por supuesto, el partido.
Sin embargo, su reprobación se vincula a la radicalidad de dichas propuestas, como si debiéramos estar en guardia frente a una deriva tóxica y agresiva de Zapatero hacia la izquierda. Si es correcto ese análisis, los sectores políticos y mediáticos próximos al PP deberían estar felices. La torpeza de los socialistas como fuente de votos para el PP. Zapatero estaría dejando el campo libre para la ocupación del centro por parte de Rajoy.
Pero si, como uno cree, todo eso nada tiene que ver con la izquierda clásica, y menos en tal grado de radicalidad, el argumentario contra las propuestas del congreso socialista está seriamente averiado. Dicho de otro modo: no hay deriva radical en la formulación de dichas propuestas ni en la voluntad de sacarlas del escaparate para convertirlas en leyes.

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