Turismo, confianza y temores

 

Juan de Dios Mellado

A tenor de todos los indicadores el sector turístico andaluz será capaz de aguantar la situación económica con un moderado crecimiento en la ocupación hotelera, aunque con un menor grado de gasto y, por tanto, de ingresos. Según como se gestione la crisis o la desaceleración por políticos, empresarios y trabajadores se podrá afirmar que mantiene su importante aportación al producto interior bruto de Andalucía (un 14%) y al empleo (12%). De entrada, esta gestión va por buen camino y existe el convencimiento general de la necesidad de aunar esfuerzos, diseñar estrategias consensuadas y tener reflejos, muchos reflejos para promociones adecuadas y rentables. En este terreno, el consejero Luciano Alonso, como buen futbolero que es, ya tiene un buen trecho andado. El primer gol se metió con la campaña de radio y televisión en el campeonato europeo de fútbol. Unos 16 millones de telespectadores te contemplan, Andalucía. Un diez. Avanzaría un poco más: Sergio Ramos, Güiza, Marchena. Juanito y Pepe Reina deberían ser la imagen que enganche a España para amar a Andalucía y pasarlo bien. Gancho tienen.
En este contexto no extraña que desde el Gobierno andaluz se dé prioridad a cuantas iniciativas se encaminen a potenciar y favorecer la llegada de turistas ya que, como es sabido, la temporada veraniega es esencial para la cuenta de resultados de las empresas y el mantenimiento de los puestos de trabajo. Los representantes de los empresarios y de los trabajadores trabajan en una dirección positiva, conscientes de que no hay otra estrategia que no pase por consensuar políticas y acciones comunes como mejor forma para atemperar temporales.
Desde los años setenta he conocido cuatro grandes crisis del sector turístico en la Costa del Sol y por ende en Andalucía y siempre se salió fortalecido porque un sector tan dinámico tuvo resortes e instrumentos suficientes para salir adelante: se apostó por la calidad, no se tiraron los precios y las promociones, tanto públicas como privadas, además de competitivas con otros destinos, manejaron conceptos y abrieron deseos de conocer una tierra que ´te quiere´. Andalucía es una marca consolidada y ahora debe fortalecerse en su diversidad.
En estos momentos, con las perturbaciones económicas y financieras mundiales influyendo en la corriente turística, es cuando más imaginación y eficacia hay que poner. Creo que se hace con pautas y comportamientos que tienen el peculiar sello del consejero de Turismo, Comercio y Deporte, Luciano Alonso. En primer lugar, consenso con los representantes de los empresarios y los trabajadores para diseñar acciones conjuntas. La Mesa del Turismo de Andalucía no es una entelequia, sino que trabaja y se le escucha. En segundo lugar, agilidad mental y operativa para cazar buenos momentos para promocionar Andalucía; así se hizo en el reciente campeonato europeo de fútbol con resultados espectaculares, como todos sabemos. Andalucía fue la única Comunidad autónoma que se subió a la cresta del fervor, incidiendo en el mercado nacional que terminará, como siempre, equilibrando la ocupación hotelera.
En tercer lugar, manejando datos objetivos para trazar estrategias a corto y medio plazo que afiancen las previsiones de un crecimiento en verano en torno al 5 por ciento en pernoctaciones hoteleras y, así, se ha diseñado un plan de acción y choque, consensuado con otros sectores, para captar la movilidad del turismo nacional. En el fondo, se trata de poner en marcha planes que reporten mayor rentabilidad económica y social.
Cuando el consejero Luciano Alonso desgrana, con el convencimiento de quien dispone de datos sólidos, un mesurado optimismo en tiempos de cólera económica y política, no hace más que apostar por un sector que, además de dinamizar la economía andaluza, se enfrenta a los grandes retos de la excelencia de la oferta turística andaluza, hacerla más competitiva, de más calidad y más diversifica (turismo de interior). El mero hecho de ser pioneros en la aplicación al turismo de los avances en I+D+i abre unas puertas en las que la administración autonómica debe ser beligerante, como ya lo es con la dotación de recursos a quienes desean aplicar el plan renove en hoteles con más de 15 años de antigüedad o el cumplimiento de estrategias para el plan Qualifica de la Costal del Sol, que debería extenderse a otras zonas, así como la operativa de apoyar a los ayuntamientos deseosos de mejorar su oferta turística sin detenerse a valorar el color político de los mismos.
Es posible que este optimismo controlado que viene manifestando el consejero Alonso en sus intervenciones sirva para ahuyentar demasiados temores sin mucho fundamento.

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