Cuatro años con Leire Pajín

18.07.2008 | 00:00

Gauden
Villas

Ahora que Leire Pajín nos deja para ocuparse de la nada envidiable tarea de poner orden en la heterogénea parroquia socialista, quizás sea buen momento de hacer balance de su gestión como máxima responsable de la Cooperación Internacional del gobierno de Zapatero. Cuatro años en los que, desde luego, no le han faltado medios para llevar a cabo su tarea: España ha sido a lo largo de la última legislatura el país del mundo que más ha aumentado su presupuesto de ayuda al desarrollo, superando en 2008 los 5.500 millones de euros (más del doble que el último año del gobierno Aznar).
Ese desproporcionado salto es, desde luego, encomiable desde el punto de vista filantrópico, aunque podría resultar cuestionable si tenemos en cuenta que buena parte de nuestros vecinos están yendo en dirección contraria desde hace un par de años, previendo tal vez esta crisis en la que los gobernantes tienen que atender a otras prioridades -salvar el pellejo de propia economía-. Asumido, en todo caso, el poderoso simbolismo de acudir en ayuda del pobre estando todavía lejos del rico, convendría que nos detuviéramos en cómo se ha gestionado esa ingente cantidad de dinero.
La primera novedad que introdujo Leire Pajín, auguro que influida por Moratinos, gran gurú de esa ideología, fue el multilateralismo. España ha triplicado sus contribuciones al sistema de Naciones Unidas y otros organismos internacionales para el desarrollo, a los que se "regalan" ya anualmente más de 2.000 millones de euros a fondo perdido. Con ello, no sólo se pierde el control de los programas a los que se dedica ese dinero, sino que se fomenta el despilfarro que caracteriza a buena parte de esas organizaciones (recordemos el demoledor informe que sobre la FAO hizo el IEE en octubre de 2007). A cambio, eso sí, Zapatero tiene línea directa con Ban Ki Moon y ha conseguido que Kofi Annan le ría las gracias en su casi desaparecida del mapa Alianza de Civilizaciones.
Otra de las curiosas ideas de Leire fue reducir el protagonismo de América Latina en nuestra política de cooperación. Siguiendo los dictados de OXFAM -a veces uno no sabe si en la Agencia Española de Cooperación Internacional manda su Secretario General o manda OXFAM- se han incorporado nuevas prioridades en África y Asia. Poco importa que nuestros intereses económicos estén, fundamentalmente, en América Latina o que buena parte de nuestros inmigrantes provengan de aquel lugar del mundo. En definitiva, como marca el nuevo ideario socialista en la materia, nuestra política de cooperación tiene que desvincularse de la defensa de los intereses de España y sus empresas -algo que hasta hace cuatro años era impensable- y centrarse exclusivamente en las necesidades del país receptor de la ayuda.
El incremento de nuestro apoyo al continente africano ha venido de la mano de la incorporación masiva de la denominada "ayuda directa", algo apenas practicado por el gobierno del PP. Esto supone entregar directamente el dinero a los gobiernos de los países a los que se financia para que sean ellos quienes lo administren. La teórica contraprestación suele ser una tímida cooperación en el control de la emigración clandestina y el respeto de unas genéricas pautas de inversión en áreas estratégicas. El resultado, en general, la misteriosa desaparición del dinero en cuanto llega al país de destino -no pocas veces acaba en Suiza- y el incumplimiento escrupuloso de todos los acuerdos firmados en materia de inmigración. España, lejos de ganar influencia en África, cada día pinta menos, como se demostró en el vergonzoso rescate de nuestras azafatas en Chad por parte de Sarkozy.
Finalmente, frente a la prioridad que su antecesor en el cargo otorgaba a los programas de buen gobierno, que partían de la base de que la causa principal del subdesarrollo no es otra que la rampante corrupción que atenaza a la mayoría de países pobres, Leire Pajín, cargada de buena intención y no poca inocencia, los relegó a un segundo plano. La nueva ideología implantada en la Agencia Española de Cooperación la resumía muy bien el director de Casa África en una muy reciente entrevista en La Provincia-Diario de Las Palmas: "La esclavitud y el colonialismo ejercido por los europeos esquilmó África. Les hicimos mucho daño durante siglos. Somos los culpables de muchos de sus males y tenemos una deuda de justicia". Y puesto que somos culpables de todo, seguiremos enviándoles carros y carros de dinero para que hagan con él lo que les venga en gana. La cuestión es lavar conciencias y presumir de generosidad, que es lo que recomiendan los expertos en marketing que mandan en Ferraz. Y no les va mal aunque cueste creerlo. Tampoco a Leire Pajín y por algo será.

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