Nota para padres

La utilidad da valía

20.07.2008 | 00:00

Maite Hernández

Para reconocer las causas que provocan la baja autoestima en los niños es necesario llevar a cabo una observación de varios frentes, pues el mundo de las emociones está vinculado a todas la otras áreas del desarrollo: físico (si existe alguna limitación o una predisposición genética), mental (si muestra algún problema neuronal que le impida desarrollar alguna capacidad en específico), afectivo (si carece de apoyo y reconocimiento), socio-cultural (si su modelo de relación lo minimiza, lo violenta, le impide potenciar su autonomía), espiritual (si no vive en armonía).
Los niños son libros abiertos. Para los adultos que convivimos con ellos (si los observamos con deseo de servir de ayuda) resulta fácil reconocer qué área se encuentra más afectada. Hay niños que lamentablemente presentan síntomas de grave enfermedad en todas ellas (niños en situación de guerra, hambruna, abandono) y otros tantos que afortunadamente sólo muestran carencias o ciertas limitaciones en alguna de estas dimensiones.
La historia nos ha permitido constatar que nada le impide al ser humano desarrollarse integralmente. Hellen Keller es un ejemplo de ello. Con 19 meses esta gran mujer perdió la vista y el oído, y después de lograr vencer todas las barreras que le impedían comunicarse, escribió: "mi mano es para mí lo que el oído y la vista juntos son para vosotros". El ingenio humano es posiblemente la cualidad más hermosa de nuestra especie, pues nos permite imaginar mundos posibles y nos impulsa a alcanzarlos. Pero esta cualidad en muchos casos se ve frustrada cuando el individuo no encuentra un contexto amable que le permita desarrollarla.
Sabemos que para los especialistas de la salud del ser humano muchas de las veces resulta menos complicado trabajar con atrofias físicas o mentales que con problemas de índole afectivo, social o espiritual (contando con que muchos ni siquiera contemplan estos últimos). La medicina del cuerpo y la mente ha avanzado tanto que se cuenta con impresionantes aparatos que escanean las partes menos visibles de nuestro organismo, pero para el dolor del desamor, de la ignominia, del abandono, de la humillación no se ha inventado ningún fármaco que lo erradique.
Lo primero que hay que preguntar a los padres o madres de niños con baja autoestima es si su hija o hijo tiene responsabilidades dentro de su familia. Es decir, si el niño reconoce su importancia o valía dentro de un grupo. He visto como niños y niñas dotadas de salud cambian su actitud ante la vida cuando se saben importantes. En los casos de aquellos niños que presenten alguna limitación corporal o neuronal debemos buscar el mismo fin, sin olvidar ofrecer en casa las condiciones necesarias para que sus capacidades se desarrollen hasta su máxima posibilidad, descubrir y potenciar junto con especialistas del área afectada otras tantas herramientas que le permitan saltar la barrera de su limitación, nunca decirle que no puede, otorgarle tareas y reconocerle (como a cualquier otro miembro de la familia) con agradecimiento su esfuerzo, pero sobre todo seguir su propio interés para ayudarle a encontrar su lugar y oficio en este mundo.
Padres, maestros y especialistas de la salud tenemos la responsabilidad de trabajar de manera conjunta. La fluidez y confidencialidad de información en estos casos es muy importante, pero más importante es la disponibilidad para llevar a cabo un plan integral. El centro educativo debiera estar siempre dispuesto a tener reuniones con cada uno de los especialistas de nuestros hijos y los especialistas debieran tener siempre a la mano los diagnósticos y avances. El acompañamiento le permite a cada niña, a cada niño, sentirse seguro y respaldado. Hoy en día existen proyectos educativos que intentan abarcar varios de los frentes y, con la intención de ofrecer un desarrollo integral, comienzan a incluir en sus plantillas especialistas de todas las áreas. Conozco instituciones que incluso ofrecen yoga y meditación para los niños, no como clases de religión, sino como medios para alcanzar tanto el control en el movimiento del cuerpo como el control interno.
En una ocasión pude ver un grupo de 20 niños de seis años en absoluto silencio, por más de 15 minutos, en profundo recogimiento. Y no crean que los niños con TDA o hiperactividad fueron expulsados del grupo por no lograr controlarse, ellos también estaban allí, pero habían encontrado la paz que su mente no les permite alcanzar en muchas ocasiones. Me llamó la atención que en ese colegio había un grupo de papás que habían estudiado la disciplina del Reiki (curación con las manos) para aplicarlo a sus niños y niñas con déficit de atención e hiperactividad, no tengo manera de comprobarlo, pero ellos afirmaban que notaban grandes cambios positivos. Con esto no estoy invitando a que abandonen el camino de la medicina tradicional, sólo intento decir que hay quienes comienzan a buscar alternativas que sirvan de apoyo para fortalecer el trabajo de desarrollo integral en sus hijos.
No quiero dejar de lado a los pequeños más desprotegidos, aquellos que carecen de apoyo absoluto para resurgir de entre las cenizas del abandono. Aquellos que están repletos de agüeros negros ocasionados por la frustración, la minimización, la anulación, y por donde no deja de escaparse con tristeza la autoestima. Ellos son responsabilidad de toda la sociedad. Nos concierne ser vigías de su entorno, denunciar situaciones indignas en donde se registre su devaluación, pues muchos de ellos tienen menos posibilidades de ser felices, a pesar de su perfecto funcionamiento mental y corporal, que algún pequeño con limitaciones que es amado.

*escuelapadres@hotmail.es

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