Acuerdos, finalmente

25.07.2008 | 02:00

José Cavero

Algún día, y superado el actual bache económico, será preciso repasar la relación que Gobierno y Oposición mantienen acerca del término crisis. Cómo la oposición se esfuerza por convencer al Gobierno de que la presente es una crisis seria, severa, grave, ante la cual urge la adopción de las medidas más drásticas. A su vez, el gobierno, que se resiste a emplear el término crisis, prefiere emplear su significado más fácil de comprender: dificultades económicas serias. Y sostiene dos cosas: que se han adoptado medio centenar de medidas suficientes para afrontarla y superarla, y que en ningún caso se irá más allá en la adopción de medidas que puedan recortar los derechos de la clase trabajadora, la que siempre ha padecido y se ha sacrificado en caso de crisis. ¿Dicen lo mismo, o es mucha la distancia entre las dos posiciones? La pelea dialéctica no debiera ocultar lo que cada parte pretende, que eso sí queda en evidencia: el PP no desea otra cosa que hacer pasar a la ´parte contraria´ por las propias consideraciones y por la adopción de las medidas que cree inevitables. No hay tal distancia ni visión tan distinta de las cosas. Si acaso, quitar o poner dramatismo a las medidas que se adopten. Pero la actitud del principal partido de la Oposición ni siquiera tiene lógica interna: si Rajoy y su partido entienden que se hacen precisas medidas más drásticas, por ejemplo en la reducción de los gastos públicos y en el ahorro de los gastos corrientes de las administraciones públicas, no se ve por parte alguna que las CCAA y los ayuntamientos de obediencia popular hayan hecho gestos suficientes para cooperar en el propósito: tan sólo la Comunidad de Madrid ha optado por prescindir de dos consejerías y de otras dos o tres direcciones generales, y anunció la congelación de salarios de os altos cargos. Se ha estimado que esos ahorros apenas pueden alcanzar al uno por ciento de los gastos totales de la Comunidad...
Por lo demás, las diferencias sobre la crisis, sus dimensiones y sus remedios, esta vez no han evitado que, finalmente, se visualicen los efectos de un tiempo de mucha menor crispación. Finalmente, va a quedar superado el tiempo en el que los dos partidos se han aferrado a sus posiciones y a sus cuotas en dos instancias judiciales de primera importancia, como son el Consejo del poder Judicial y el Tribunal constitucional. Finalmente, y después de un considerable retraso en la renovación de estas instituciones, los dos líderes, por obra del trabajo previo de Alonso y Sáenz de Santamaría, han decidido afrontar la tarea y su complementaria de agilizar, reforzar, y potenciar la gran necesidad que se viene reclamando desde hace décadas en la vida española: una administración de la Justicia digna y eficiente. Posiblemente el crimen de la niña Mari Luz haya logrado el milagro.

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