El realismo de Solbes

29.07.2008 | 00:00

Antonio Casado

Esa España en números rojos de la que habla el PP tuvo un fiel reflejo, bastante alejado del mero voluntarismo que se gasta Zapatero, en la intervención parlamentaria del vicepresidente económico en el Congreso de los Diputados. A diferencia de lo que suele hacer su jefe, Solbes no quema las cartas ni mata a los mensajeros, como Boabdil cuando le comunicaron la pérdida de Alhama (Ay de mi Alhama). No comparable a un déficit presupuestario pero tampoco te gusta recordarlo. O que te lo recuerden, por ser precisos, que es hoy por hoy el deporte preferido de los distintos grupos de oposición frente a esa mezcla de camuflaje semántico y voluntarismo en la que navega el Gobierno.
Sin incurrir, por supuesto, en el derrotismo, pues siguió hablando de los ´sólidos´ soportes de nuestra economía para superar el bache y la necesidad de no exagerar los males que la aquejan. Pero Pedro Solbes no anduvo con paños calientes. Reconoció, por ejemplo, que no ha llegado lo peor, que la inflación seguirá creciendo en los próximos meses, que nos acechan cifras de paro próximas al 12 % de la población activa y que el crecimiento económico del año 2009 apenas si llegará al 1%, según previsiones del cuadro macroeconómico del Gobierno sobre las que se fundamentarán los Presupuestos Generales del Estado para el año próximo.
Sin embargo, Solbes sí transmite la sensación de saber por dónde sopla el viento en estas cuestiones del bolsillo, el de las familias y el de todos los españoles. Escuchándole este lunes, en su comparecencia ante la Comisión de Economía del Congreso, teníamos la impresión de estar confirmando la sensación previa (o el prejuicio, si ustedes quieren, que para el caso es lo mismo), de que el presidente Zapatero, en realidad había ejercido de telonero en su intervención ante el pleno de la Cámara, el pasado 2 de julio, también para glosar la crisis económica y el modo de afrontarla.
Al contrario de lo que suele ocurrir en los conciertos estelares de música pop, lo que aquí se ha visto es que el número uno le preparó el camino al número dos. Como si las explicaciones de aquel tuvieran que ser redondeadas por las aclaraciones de éste. O como si hiciera falta la acreditada competencia del número dos a modo de refuerzo a la dudosa credibilidad del número uno en materias que difícilmente uno llega a aprender solo en dos tardes.
De todos modos, y más allá de los vivos debates bilaterales de Solbes con los distintos portavoces, especialmente con el ex ministro de Hacienda, Cristobal Montoro (PP), el vicepresidente aportó al debate las dosis de realismo que se venían echando en falta.

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