Prisas sospechosas

31.07.2008 | 00:00

Consuelo Sánchez-Vicente

La vicepresidenta De la Vega presentó las medidas que contempla abordar el Gobierno para garantizar a los inmigrantes que residen legalmente en nuestro país el derecho a votar y a presentarse como candidatos a las próximas elecciones municipales. Siempre que los países de origen de los inmigrantes que puedan votar en el nuestro reconozcan en los españoles que residen legalmente en ellos ese mismo derechos, es de justicia que quienes trabajan y tributan aquí puedan participar en la elección de sus políticos en los ayuntamientos en igualdad con el resto de los españoles. Nada contribuye más a la integración deseable de los inmigrantes que poder ejercer todos los derechos que se corresponden con los deberes que les son exigidos
Lo que tengo menos claro es si la posibilidad de reconocer a los inmigrantes el derecho al voto electrónico a través de Internet, que es algo que no tenemos reconocidos los españoles, como planea el gobierno en atención a las dificultades de los consulados para organizar una consulta tan compleja, es compatible con la exigencia constitucional de igualdad ante las urnas. Y lo que no tengo nada claro es que de aquí a las próximas elecciones municipales dé tiempo material a que la mayoría de los países de origen de los inmigrantes puedan garantizar el voto por Internet a los españoles que residen en ellos.
Este plan del gobierno nace con unas prisas que dan que pensar, y es tan detallado que llama la atención. Ya nos gustaría que las medidas contra la crisis fueran igual de concretas y de reconocibles, pero siguen en el reino de las generalidades y las ocurrencias, cuatro fotos y 49 millones de bombillas de regalo... ¿Y qué más? Como si la crisis pudiera esperar y el voto inmigrante no. A mi me parecen prisas partidistas, para hacerse "querer" por el nuevo filón electoral que representan esos nuevos votantes. Expreso un temor, no un juicio fundado, el tiempo dirá si peco de desconfiada. Ojalá sí. Pero no me digan que no sería la monda que al final la reciprocidad fuera otra versión de la vieja ley del embudo, a la que tan acostumbrados estamos en este país de campañas de imagen, ¿y qué más?

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