porque hoy es sábado...
Me río con un amigo, ejecutivo todavía joven de esquís en el trastero y de gimnasio los martes, jueves y sábados. "Niño, hacía años que no me subía al autobús para ir al centro, pero estoy dejando el coche en el garaje en trayectos cortos por la pasta que me gasto. Y cuando fui a pagarle al conductor -qué años aquellos en que había cobrador junto a la puerta de atrás; aquel hombre sentado en aquel silloncito elevado delante de un pequeño mostrador- va y me pide un euro. ¡Pues un euro y diez valdrá en enero!, me dijo por asombrarme. Si me sale más caro que el coche? Yo creía que no llegaba a cien pelas el billete, como siempre". Es la peculiar y contradictoria manera de enfrentarse a la crisis de quienes no lo están.
Lo público
Ω Es verdad que mi amigo habita en su pijilandia habitual. Pero también lo es la vieja reminiscencia de lo público que mi amigo aún tiene de cuando éramos muchachos, de cuando entendíamos que un servicio público es un servicio para quienes tienen menos y cuyo déficit pagamos entre todos a razón de que más pague no quien más lo utilice sino quien más dinero tenga para pagar, y así evitar descuelgues sociales y graves desigualdades en el disfrute de los derechos y en el cumplimiento de los deberes. Reminiscencias de cuando se podía aparcar en cualquier sitio sin pagar, y no sólo podían aparcar quienes pueden pagar, y no poco, por hacerlo, como ahora. Pero se abrió la veda y no se convirtieron los centros históricos en carriles bicis ni se redujo el espacio de aparcamientos para todos y así fomentar el transporte público, no. Ni se hizo algún parking, como mucho, para que los turistas llegaran con facilidad a ciertos lugares señeros de la ciudad, como ocurre en algunos pueblos.
La caja registradora
Lo que se hizo fue abrir la caja registradora, que no los ojos, y encontrar en una brocha con pintura azul la manera de arrancar unos euros al personal que seguía acostumbrado a aparcar en el centro. Y luego se empezó a agujerear la ciudad para facilitar al máximo que más coches accedieran a ella y así poder sacarles aún más euros todavía a quienes van dentro de ellos y pueden pagarlos. Por tanto el autobús ya no es para todos, sino que está destinado sólo para quienes no pueden pagar los parkings, o para los ecologistas que no quieren jugarse la vida en ir al centro en bicicleta. Sin embargo, los más pobres lo son cada vez más como para tener que pagar un euro y diez por el billete ordinario, aunque tengan reducciones para sacarse el bonobús pero que también serán menores que antes. Se nos ha olvidado tanto el valor de lo público que incluso se frivoliza por falta de costumbre desde el Ayuntamiento cuando se anuncia que el autobús será gratis para los parados en los meses más que problemáticos que les esperan. La tarjeta solidaria para que los desempleados puedan viajar gratis en los autobuses de la EMT requerirá ganar menos de 700 euros y acreditar que se suben al autobús para ir a buscar empleo. Cómo se hace esto, qué sabe nadie.
Rosas y biznagas
Podría facilitarse también la gratuidad del autobús con condiciones a quienes manifestaran la intención de ir a visitar a su madre, lo que mitigaría la soledad de nuestros mayores y reduciría nuestra mala conciencia de no ser mejores hijos en estos tiempos sólo aptos para jóvenes y clientes de cirujanos plásticos. Y cómo demostrarlo, pues enseñando la medallita de ´hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana´ y llevando una rosa para mamá. También se podría fomentar, en vez de la rosa, el uso de la biznaga local, lo que favorecería el aroma del autobús en verano y defendería las tradiciones malagueñas. Llegados a este punto es más que probable que el concejal de Movilidad piense que estas líneas son un asunto personal. Todos los políticos lo creen. Aunque él sabe que no. Son reflexiones quizá irónicas acerca del sentido de lo público que todos hemos perdido, y al que hemos vuelto sólo de visita para el rescate de algunos bancos agujereados por la desquiciada y veloz práctica de muchos de sus ejecutivos, en algunos casos ejecutores, también presos de un sistema vaciado de valores, y sin serenidad para mirarse en el espejo de todo lo que no sea el beneficio inmediato caiga quien caiga.
Instituciones partidistas
Tampoco pone uno en la picota al alcalde De la Torre por decir que cuando por fin llueve, las aceras de algunos lugares nuevos de la ciudad, como Teatinos, son un inmenso charco anunciado, con losetas desvencijadas y desiguales, abombadas y levantadas en no pocos tramos como si se hubieran colocado en desnivel sin verdadera profesionalidad ni los materiales exigidos, con alevosía y prisa, todo con mucha prisa por acabar pronto y empezar otra acera y otra más, sin control de calidad a la hora de visarlo; y todo eso mientras se levantaban algunas de ésas casi medio millón de viviendas que siguen sin venderse en Andalucía. Ni siquiera lo pone uno en la picota cuando no considera un acierto que lleve a pleno un asunto no institucional como es el enfrentamiento PSOE-PP que subyace detrás del desacuerdo con la Junta, también anunciado, sobre actuaciones puntuales del PGOU con inconvenientes medioambientales.
Actuaciones que no son -ni en algunos casos deberían serlo- el único camino posible para el futuro de la capital. Y eso es así por mucho que la Junta hinque el diente en el documento con saña partidista?. En fin, que ojalá gane Obama. Y no sólo? Porque hoy es sábado.