La epidemia de gripe porcina que se ha detectado en México y ha saltado ya a España ha provocado una lógica preocupación que, sin embargo, no debería derivar en ningún caso en imprudente alarmismo. El hecho de que una enfermedad pueda saltar de determinados animales al hombre sigue sonando a posibilidad remota, pero no es el primer caso: existen los precedentes de las vacas locas y más recientemente la gripe aviar. Y, precisamente por eso, las autoridades y los expertos se encuentran preparados para hacer frente a la situación, tal como ha demostrado la rápida actuación del Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas en la detección de posibles casos en España y su tratamiento.
Expertos e investigadores coinciden en que en todo caso la enfermedad tiene cura y en que nuestro país ha actuado correctamente con las medidas preventivas adoptadas. Porque el mayor riesgo es, una vez más, para las naciones con menos recursos y con redes de alerta sanitaria menos desarrolladas y perfeccionadas.
Por eso, a pesar de la aparatosidad de algunas de esas medidas preventivas, el mensaje de médicos y científicos es de calma y tranquilidad: la enfermedad tiene remedio, no es mortal en condiciones sanitarias como las occidentales y la carne de cerdo se puede comer sin problemas.