La educación no basta
Ante el hecho de que más de la mitad de la población mundial vive en condiciones de pobreza, resurge la preocupación a nivel internacional de encontrar formas para tratar de contrarrestar sus efectos negativos, intentando erradicarla o controlarla. Para ello, se propone la educación como un instrumento eficaz de erradicación de la pobreza, con el argumento de que los pobres son pobres porque no poseen las herramientas para modificar su situación, además de que necesitan aprender modos más sostenibles de vivir. Así, la educación es entendida como la institución educativa que se tiene en occidente, lo cual se observa en los discursos del Banco Mundial, de la Unión Europea y aún en los Objetivos del Milenio, donde es evidente la visión instrumental de la educación que se traduce en número de alumnos adscritos y porcentaje de población analfabeta.
Esta perspectiva lineal del problema, plantea que la solución viene de fuera y que las personas no cuentan con lo necesario para salir adelante, siguiendo la idea de que los pobres son quienes utilizan inadecuadamente los recursos. Lo anterior sólo agudiza las diferencias entre el norte y el sur, donde el norte actúa como benefactor y el sur como desamparado, devaluando la identidad de la población y negando la importancia de las formas de educación tradicionales, impidiendo así la posibilidad de empoderamiento y de autonomía de las personas.
Ante esta realidad, deberíamos considerar que una solución más integral sería la educación de los ´no-pobres´, para adquirir conciencia de cómo nuestros actos afectan el bienestar de los demás, de que la industrialización acelerada es la que ha agotado los recursos existentes y de necesidad de disminuir la brecha que existe entre el norte y el sur.
Alejandra Calleros Islas.
Málaga