Denunciaron ayer en Benalmádena algunos de los grupos de centro derecha que van a secundar la moción de censura contra Carnero que están sufriendo amenazas, insultos y coacciones. Dieron hasta ruedas de prensa para decirlo. También en Málaga el dirigente provincial Francisco Salado se hizo eco de esta situación en una comparecencia informativa.
Yendo por delante que muchos de esos hechos son ciertos y que estas actitudes energuménicas que exhiben los supuestos amenazadores son condenables, no sabe uno muy bien si las quejas del Partido Popular y de sus futuros socios no son exageradas y sobre todo si denunciarlas, sean del calibre que sean, formaban parte ya del guión preestablecidos hace tiempo para añadir a la imagen de los censurantes una pátina de víctimas, que siempre ayuda a la hora de arrebatar a alguien el bastón de mando en una moción. O a lo mejor es que el PP y la compaña esperaban besos y abrazos, alfombras rojas a su paso, pancartas proclamando lemas de bienvenida a los liberadores, pétalos a su paso, vítores y lanzamiento de granos de arroz que les auguren felicidad y buen tino en el Gobierno.
No se sabe si esperaban manifestaciones de adhesión inquebrantable a las puertas del Bil Bil, en el Puerto deportivo, arriba en el casco viejo del municipio… la gente arrobada y lanzándoles la ropa interior... En fin, resulta que a la concejala Carmen Romero, que del Gobierno local pasa a apoyar la moción de la derecha, la llaman ya en el pueblo, así lo denunció el PP, la ´bienpagá´ y hasta su efigie ha sido estampada en billetones que remedan e imitan a los de quinientos euros. Guasa fina. No sé de qué se extrañan. Es el ingenio del pueblo que sale cada vez que sus representantes, tan dignos ellos, se confabulan para alguna operación.
Cosas del PP
? No están organizados ni son una corriente y ni siquiera la mayoría de ellos se opone frontalmente a la nueva y joven dirección. Pero hay un numeroso grupo de notables o ex notables del Partido Popular malagueño, de cuarenta años para arriba, que se siente un tanto postergados o desencantados o desaprovechados por mucho que entiendan que los nuevos timoneles no lo hacen nada mal y para atestiguarlo, dicen, ahí están operaciones como la de Benalmádena.
Este difuso grupo tiene puestas sus esperanzas en Manuel Atencia, del que dicen sus allegados que no va a repetir en la vicepresidencia de Unicaja por voluntad propia y que, como él le dice a su vez a sus allegados políticos "ojo, que del partido yo no me ido". Por lo demás, las ambiciones legítimas políticas no son desconocidas: nunca ha ocultado que le gustaría ser alcalde de Málaga. O no ser siempre el segundo (segundón) en la lista del PP al Congreso de los Diputados.