Si existiera un ´informe Pisa´ sobre la calidad de nuestros políticos probablemente no veríamos con espíritu tan crítico la ´mala calidad´ de nuestros estudiantes. El reciente debate sobre ´el estado de la nación´ versó, en realidad, sobre un paquete de medidas pergeñado apresuradamente por el Gobierno, como quien dice: "todo va fatal, pero ahora sí que vamos a atajar el desastre". Es obvio que la situación es catastrófica y que el gran argumento para consolarnos es que otros están igual o peor. Es verdad que el decrecimiento de las economías de Italia, Francia y Alemania está siendo mayor que el de España, pero los expertos no se explican el triste fenómeno de que la decaída economía alemana, por ejemplo, mantenga los niveles de paro bajo control, en tanto nuestro bajón, siendo menor, genera paro a velocidad de vértigo. Sobre las nuevas medidas de emergencia, el propio Corbacho, Ministro de Empresas –quiero decir, de Trabajo– ya ha venido a decir que ojo, que las ayudas a los que ya no cobran el paro no pueden pasar de seis meses, para evitar el peligro de convertirnos en una ´sociedad subsidiada´. Grave peligro, sin duda. Aunque algunos ven todavía más peligroso que una franja importante de la población caiga en la ´sociedad de la indigencia´.
Todos coinciden en que Rajoy perdió el ´combate´. Pero en la propia muestra del gubernamental CIS hay datos apabullantes sobre el sentido mismo de estos debates: un 44´3 piensa que no tienen mucha utilidad, en tanto un 28% (la suma da un 72´9, casi las tres cuartas partes del total) sentencia que sirven "para aburrir a la gente". Quizás se pueda echar de menos una crítica de la oratoria, que era, al fin y al cabo, la esencia del parlamentarismo y que hoy está de capa caída precisamente porque el Parlamento se asemeja a una pantomima: los grupos políticos se expresan a través de una monocorde voz autorizada, que lleva papeles o tiene el guión aprendido de memoria. En materia de oratoria tal vez quien se llevó la palma fue Erkoreka, el portavoz del PNV. Improvisando, armó un mensaje coherente –por momentos demoledor– sobre la política y la personalidad de Zapatero. Claro que pesaba sobre el orador un terrible hándicap: ser portavoz del nacionalismo vasco, atacado con extrema dureza, un día si y otro también, por todos los medios. Erkoreka recordó a Zapatero sus incongruencias, sus promesas incumplidas y sus constantes y fallidos pronósticos optimistas, retratando a un líder que ha perdido fiabilidad. En una intervención titubeante, el presidente se limitó casi exclusivamente a contestar algo obvio: el PNV está resentido porque, habiendo ganado votos y escaños, acaba de ser desplazado del poder. Erkoreka asumió ese cabreo y respondió con algo no menos obvio: ¿cómo es posible que, atacándose con saña en toda España, PSOE y PP sean aliados en Euskadi?
Como cuando las cronistas deportivos comentan algún resultado inesperado alegando que esa es "la grandeza del fútbol", de esas incoherencias aberrantes podría decirse que obedecen a que, como dicen los italianos, la política es ´porca´. Veamos un ejemplo atroz. Ahora que acaban de detener en nuestra Costa del Sol a un capo de la camorra napolitana, viene a cuento recoger lo que el Fiscal Jefe de Palermo ha relatado en una conferencia muy reciente: Mussolini atacó con ferocidad a la mafia (incluso esto hizo que muchos capos se refugiaran en Estados Unidos, fundando allí su gran ´sucursal´) y cuando los aliados vencieron al fascismo, "recompensaron a la mafia con grandes favores e incluso con el nombramiento como alcaldes en Sicilia de conocidos mafiosos, con una total compenetración entre el poder legal y la mafia". Comentando el hecho, Javier Caraballo escribió, ayer mismo, sobre la "paradoja terrible" de que los abanderados de la libertad premiaran a la mafia, recordando que la lección permanente de la Historia invita a "desconfiar de la apariencia de las cosas".