Aprovecho ahora que acabamos de iniciar oficialmente la campaña para las elecciones europeas para constatar (de nuevo) que hay muchas diferencias entre los países con democracias más avanzadas y esta España que, de acuerdo, acaso nunca haya estado mejor en cuanto a libertades públicas se refiere, pero que podría ir mucho, mucho más allá.
Por ejemplo: ¿por qué no un referéndum sobre ese controvertido proyecto sobre el aborto que alienta el Gobierno? Ya saben quienes alguna vez me han leído o escuchado que yo descarto motivos religiosos cuando hablo de esta cuestión y que defiendo el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo. Pero ¿no estamos yendo un poco lejos al negar a los padres el derecho y el deber de asistencia moral sobre su hija de dieciséis años ante tan doloroso trance?
El referéndum es un método de consulta popular que va más allá de los dictámenes y dictaduras de los sondeos del CIS, está previsto en nuestra Constitución y en algunos países se utiliza con cierta frecuencia; aquí, nunca. Pero hay más distancias entre la tantas veces intolerante España y esos ´países de nuestro entorno´ que también celebran sus elecciones el 7-j. Así, por ejemplo, podríamos recordar que en Gran Bretaña se han producido dimisiones sonadas por derroches que aquí serían, vistas las cosas que ocurren en ciertas autonomías, sin ir más lejos, casi el chocolate del loro.
Y, ahora que algunos medios siguen comentando la comparecencia del jefe de los espías ante el Parlamento, y sin que esto signifique la menor acusación concreta –por supuesto– ¿no tiene usted la sensación de que los teléfonos, móviles y/o fijos, vuelven a no ser tan seguros como antes? Puedo asegurarle que no pocas veces comento con los políticos, a micrófono cerrado, claro, la convicción que algunos de ellos, sobre todo los de la oposición, tienen de que terceras personas escuchan sus conversaciones. ¿Será verdad? Me parece que los británicos, o los franceses, o los alemanes, no comparten esa sospecha.
¿Qué tal, ahora que iniciamos oficialmente la campaña para unas elecciones que a nadie parecen interesar mucho, si incluimos algunas de estas preguntas en nuestras reflexiones acerca de a quién vamos o no a votar? Pienso que un país no es más libre porque se facilite universalmente la píldora poscoital –a la que no me opongo, que conste– o porque sus niñas puedan abortar legalmente, sin que se enteren sus padres, a los dieciséis. La libertad, las libertades, son mucho más que eso, e incluso mucho más que esa aterradora cifra de parados que nos aleja de la macroeconomía de la Unión en la que, por fortuna, estamos, aunque estemos algo atolondradamente, sin cuestionarnos tantas cosas cuestionables.
Yo, desde luego, sí pienso ir a votar el 7 de junio, aunque trataré de reflexionar muy mucho a quién voy a darle mi voto.