Aunque en nuestro mundo mandan las cosas, cada una con su nombre, desde fuera quizás sólo se distingan distintos materiales. Por ejemplo, la crisis del libro, la de los periódicos en papel y la del consumo de tabaco serían simplemente la retirada de nuestra vida de tóxicos en soporte vegetal, da igual que su principio activo llegue al cerebro por los pulmones o por los ojos. Fumar y leer, usando en ambos casos papel, son dos formas de meter en el cuerpo sustancias estimulantes y potencialmente nocivas. A la vez son dos manualidades, o sea, modos de dar a las manos, tan delatoras cuando andan sueltas, un uso, y hasta un sentido. Un lector y un fumador, en su tarea, infunden respeto, pues están en lo suyo, tienen un asunto propio en qué ocuparse. De ambas sustancias tóxicas podría también decirse que ayudan a mitigar la más letal drogodependencia del humano: la adicción al oxígeno.