Hace pocos días paseaba con mi amigo Joan por una calle de Málaga cuando a éste, que está buscando una vivienda para alquilar, le llamó la atención un cartel que rezaba ´Se alquila ático´. Como estaba colocado en la fachada de un inmueble situado en la zona de nuestra ciudad que más le gusta, llamó al teléfono que aparecía en ese cartel para pedir información y, de ser posible, poder visitarlo antes de regresar a Barcelona, que es donde reside. Al cabo de diez minutos se bajó de una moto una joven sonriente que, después de los saludos de rigor, nos abrió el portal y nos pidió que la siguiéramos por las escaleras. Joan y yo nos miramos compungidos porque a ninguno nos apetecía subir andando los doce pisos que, como comprobamos mirando el cuadro de llamada del ascensor, tenía ese edificio. Pero la joven, que captó nuestro intercambio gestual, nos apaciguó con un natural ´es aquí mismo´. ¿Aquí mismo un ático en un edificio de doce pisos? Esa pregunta que no se atrevió a tomar cuerpo auditivo produjo, sin embargo, más miradas entre Joan y yo, más extrañeza. Pero eso duró poco porque, en efecto, el ático del anuncio era ´aquí mismo´, concretamente en el segundo D. Como la joven no parecía darle ninguna importancia al detalle que convertía un ático en un segundo, lo primero que nos vino a la cabeza es que, liada por las decenas de viviendas llevadas por la inmobiliaria para la que trabajaba, se habría equivocado y nos estaba enseñando otra distinta sin darse cuenta. Así se lo hicimos ver, interrumpiendo una conferencia que mezclaba los materiales de construcción con las maniobras bancarias que su empresa había ideado para sortear los problemas crediticios derivados de la crisis, pero lo que nos dijo nos dejó todavía más estupefactos: que lo que nos estaba enseñando era el ático del cartel, que ella llevaba un lustro trabajando en eso y que jamás de los jamases se había confundido ni de llaves ni de clientes. ´¿Esto un ático?´, balbuceamos al unísono Joan y yo. A lo que ella contestó: ´Un ático, sí, pero conceptualmente. No un ático literalmente sino conceptualmente. Un ático neo, pos. Un ático con vistas al interior de uno, que es a donde merece la pena mirar, no con vistas al mar o a los tejados, dos vastas superficies de suciedad y dispersión espiritual´. Ese ático situado en un segundo D, entonces, si no la entendí mal, era una avanzada de los áticos del futuro, los cuales, para serlo, ya no necesitarían estar situados en la cúspide de un edificio físico sino propiciar el recogimiento y la meditación, dos instrumentos para facilitar la introspección clarividente gracias a la cual disfrutaríamos de las maravillosas vistas del Alma. ¿Esoterismo, tomadura de pelo o táctica comercial? Ella, una vez recuperada de nuestro obsoleto prejuicio sobre la esencia de los áticos, nos siguió mostrando el piso con soltura, buenos modales e información solvente. Cuando nos despedimos nos dio su tarjeta personal para que la llamáramos en caso de dudas o de decidirnos a alquilarlo.
Joan no para de darle vueltas al asunto, al que ahora le ve un lado sociológico positivo que le anima más a mudarse de ciudad: el optimismo, la imaginación y la gracia andaluces. Por mi parte, creo que esa experiencia real es, sobre todo, una alegoría sobre el Cambio de Modelo Productivo que llevan semanas anunciando desde las Alturas. Pero no me pidan todavía que la analice, por favor.