Un candidato que te dé menos vergüenza. No, no hay la menor imaginación en una campaña electoral (me refiero, claro, a la española) en la que, como mucho, se habla de Europa para repetir los tópicos de siempre, y no para constatar la enorme distancia que aún nos separa de algunos planteamientos de tolerancia y democracia avanzada en los países que son el motor de la UE. Pero esta campaña se centra más bien en la eterna ´leña´ nacional, el palo al adversario haga lo que haga, salvando, eso sí, los pactos bajo la mesa: ya ven ustedes que de Gürtel se habla más bien poco, y mucho de otros temas que, en cambio, sí salieron en el debate sobre el estado de la nación.
"Elige un candidato que te dé menos vergüenza", dicen las Juventudes Socialistas en un vídeo en el que –¿dónde queda esa frescura irónica juvenil?– critican a la ´Oreja Mayor´. Es, sin duda, un lapsus: si eliges un candidato que te dé "menos vergüenza" que el ajeno, es porque algo de vergüenza también te da el propio. A mí, la verdad, me parece que ni Jaime Mayor Oreja ni Juan Fernando López Aguilar, dos personas honradas y cabales, merecen causar sonrojo alguno por votarles. Lo que no producen es ilusión. Y menos, con esta campaña tan roma, en la que los vídeos son tan previsibles, la participación de Internet tan chata, los mítines tan como siempre. ¿Se ilusiona así a los electores para acudir el próximo día 7 a las urnas, por mucho que los medios nos empeñemos en ´calentar´ la campaña?
Lo que de verdad ´calienta´ la campaña. Lo que de veras está calentando la campaña nada tiene que ver con ella y, en ocasiones, hasta resulta silenciado por los oradores en los mítines: las ramificaciones del ´caso Gürtel´ en Valencia, por ejemplo (y ya verán, ya, cuando el proceso entre en su apogeo en Madrid). O las descoordinaciones –la que se ha armado con el brote de gripe en un cuartel...– flagrantes en un Gobierno al que sus propios editorialistas le acusan de estar "improvisando" sus medidas contra la crisis.
Una semana im-presentable. Porque tengo la impresión, corroborada por la lectura de ´las tripas´ de los sondeos que dan empate virtual a PP y PSOE ante el 7-J, de que la ciudadanía está como en una especie de anticlímax político: ¿cómo ilusionarse cuando Federico Trillo ni siquiera se lanza a gritar contra la demasía de la sentencia por el Yak-42 –bueno, por no hacer, ni permitió a los periodistas que le preguntasen–? O ¿cómo, cómo la ilusión, si la ministra de Igualdad asegura que un feto de trece semanas "no es humano", mientras Zapatero niega el derecho y el deber de los padres a "interferir" en la voluntad de una hija de dieciséis años (por cierto: ¿no sería este un buen tema para un referéndum?)?
¿Cómo no morirse de risa viendo el debate sobre las canijas resoluciones que salieron del debate sobre el estado de la nación, la montaña que parió un ratón? O ¿cómo no sentirse atenazado por la angustia cuando se ve que Sanidad y Defensa no se entienden en un caso como el de la guerra a la antaño llamada gripe porcina?
Ya digo: la temperatura de nuestra política está como la de los reptiles: fría, muy fría. Con decirles que ni siquiera la ilegalización por el Supremo, primero, y la legalización por el Constitucional, después, de la lista fantasmal encabezada por el octogenario dramaturgo Alfonso Sastre, ha provocado a los polemistas nacionales... Y mira que el caso tiene miga: pues nada, una anécdota más, como si el enfrentamiento entre las dos más altas magistraturas del arquitrabe judicial, con la mano del Ejecutivo al fondo, fuese menos importante que, digamos, unos trajes de Milano. País.