El domingo, el balcón de la calle Génova corría el peligro de las tribunas de autoridades de las plazas de toros portátiles. Entre que todo el mundo quiere estar y el peso de las joyas no es la primera vez que damas y caballeros acaban por los suelos. El balcón del PP estaba lleno de vencedores y daba gusto verlos tan de acuerdo.
Mariano Rajoy ha vivido ese balcón, fundamentalmente, en dos tipos de circunstancias: de segundo del ganador, de primero perdedor. Cada vez que sale al balcón las dos almas del PP se revuelven.
La tradicional y católica es partidaria del escalafón, de los trienios, del mérito mostrado ante el tribunal de la oposición que da plaza para todo la vida pero la liberal sólo quiere resultados, beneficios a corto plazo, mérito en la batalla del mercado de votos aquí y ahora y el año que viene, de objetivo el 20% más.
Mariano, entendido como el fervor, se mantiene por el amor o el respeto y si te tienes que creer su virginidad te la crees, qué más da. Esperanza, entendida como la expectativa, está hecha con la prisa de la ambición y para creer necesita meter los dedos en la llaga.
La diferencia es la demora de la recompensa, que se enseñó desde siempre hasta los ochenta, frente al "quiero esto y lo quiero ahora" propio del consumismo desarrollado por la implantación de las tarjetas de crédito y la financiación instantánea.
El PP se divide entre los últimos serán los primeros y el último que llegue no debería llamar "familia" a lo que compone cuando se casa.
Jaime Mayor Oreja, que viene de la democracia cristiana, lo tiene claro para sí porque confesaba sin avergonzarse que en sus 32 años de carrera política, en la que ha sido concejal, diputado autonómico, nacional y europeo, además de ministro, era la primera vez que, encabezando una lista, ganaba unas elecciones, lo que daba a entender que, a costa de perder, ha aprendido a ganar.
Seguro que Mariano Rajoy, por edad y formación, comparte ese criterio pero el PP liberal, el más joven, tiene otra formación. Son los que se preguntan cómo Mayor Oreja puede haber seguido teniendo oportunidades después de tantos fracasos.