El cuerpo nacional no aguanta dentro el cuerpo de Garzón. Garzón es, pues, cuerpo extraño, anticuerpo, injerto que genera rechazo, alienígena. Destripando el cuerpo de Garzón en quirófano, analizando luego cada víscera, tejido o fluido, tendríamos, en negativo (o positivo), una idea de lo que somos. Garzón rompe el modo clásico, tan actuarial, de hacer justicia, la forma, tan pacata, de combatir el terrorismo (o de tolerar el de Estado), los tabúes de desmemoria histórica, los santuarios nacionales del genocidio. Demasiadas roturas para el cuerpo, y el cuerpo reacciona desde todas sus células, sanas o patógenas, cada una a su modo: ETA quiere envenenarle, 3/4 partes, más o menos, de la clase política y mediática lincharle, los de su corporación expedientarle. Garzón, quijotesco, desmesurado y admirable, lleva en el pavoneo del apellido su destino. ¡A la olla con el pavo!, es el clamor.