Nunca me hizo mucha gracia pero ya puedo declararlo oficialmente: Leopoldo Abadía es un cansino. Quizá por mi proverbial sesiedad, la primera vez que vi al profesor de Política de Empresa, autor del ´best seller´ (glups) ´La crisis ninja y otros misterios de la economía actual´ y protagonista de múltiples apariciones televisivas, no le encontré nada de particular: un señor mayor hablando de las cosas del macrodinero con un supuesto lenguaje llano, con múltiples referencias a habitantes de un pueblo llamado San Quirico, etc. Y Buenafuente partiéndose de la risa ante los análisis de perogrullo. La verdad es que no lo entiendo: me enerva tanto toda esa gente que hace del "Ya te lo dije" su discurso vital; porque, vamos a ver, ¿de qué hablaba el señor Abadía hace unos años, cuando parecían tan claras las flatulencias por empacho del capitalismo? Él y todos sus colegas, tanto los seudosimpáticos como los que escriben en McGraw Hill, estaban callados, como si no pasara nada. Y ahora no hacemos otra cosa que perder el tiempo leyendo sus supuestas previsiones: por ejemplo, me cuentan que el otro día el banco Goldman Sachs avisó de que el precio del barril de petróleo llegaría a los 65 dólares a fin de año; en cuestión de horas, la autoridad que fija estas cosas puso un valor por encima de esa cantidad, así que, ¿qué hicieron los supuestos expertos? Revisaron su previsión y marcaron que el 2009 cerraría con un precio de 85 dólares. Sencillo, ¿verdad? Así se las gastan. Es como si un meteorólogo no hablara del tiempo que va a hacer mañana, sino del que hizo ayer, con frases como: "¿Se mojó usted ayer? ¡Ay, amigo, eso le pasa por haber salido de casa sin paraguas!".
Ahora resulta que el señor Abadía, un listo del ´a posteriori´ como tantos hay, nos bombardea diariamente mediante el spot de gasolina para el que le han contratado: en una estación de servicio, sentado en un sofá, don Leopoldo aconseja a los conductores el tipo de combustible o algo así. Para mí es como si Nerón, quien según algunos historiadores incendió Roma para reconstruirla a su gusto (¿fue el primer economista capitalista de la historia?), terminara protagonizando un anuncio de extintores. "Para cuando la cosa está que arde". Salgamos de la crisis ya, por favor, aunque sólo sea para que estos señores vuelvan a sus madrigueras de números.