El Real Madrid acaba de fichar, como todo el mundo sabe, al futbolista Christiano Ronaldo por 94 millones de euros. 94 millones de euros es una cantidad que, por un lado, no tiene a su disposición, ni en su cuenta corriente ni en su imaginación, demasiada gente y que, por otro lado, da para muchas cosas más útiles y necesarias que el mantenimiento del espectáculo. En relación a esto último, bastantes medios de comunicación han hecho comparaciones, pero el que más se acerca a las que hubiera realizado yo mismo ha sido un editorial de El Mundo, que dice que 94 millones de euros equivalen al presupuesto conjunto anual de El Prado, el Reina Sofía y la Biblioteca Nacional, o al doce por ciento del total de las becas educativas dotadas por el Estado, o a la construcción de un hospital con varios centenares de camas. Ahí está la clave, no por sabida y repetida menos importante: el espectáculo del circo deportivo y el negocio especulativo (por no hablar, reuniendo ambos sintagmas, del obsceno espectáculo del negocio especulativo e irreal cuyos efectos mundiales y en cadena nos tienen a todos, en un sangriento circo desesperado, cogidos por el cuello de una crisis inhumana, brutal y sin solución a corto plazo) no pueden contar, en una sociedad digna y sana, con más recursos económicos disponibles que la cultura, la educación o la sanidad. Que al señor Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, los bancos y los inversores le otorguen sin chistar créditos para comprar jugadores de fútbol por valor de varios cientos de millones de euros y, sin embargo, a miles de aspirantes a propietarios de una vivienda se les niegue una hipoteca, a otros miles de trabajadores de sectores estratégicos se les ponga de patitas en la calle por falta de liquidez y de contratos de sus empresas, y a varios miles más se les obligue a regulaciones de empleo temporales o a congelarse el salario indefinidamente, es una injusticia que ningún sistema político puede justificar. Si 'hay' dinero para pagar 300 millones de euros por seis o siete jugadores (y 94 millones de euros para uno solo de ellos) que además cobrarán, cada uno de ellos, lo que mil o dos mil cajeros de supermercado, debería haber, con más razón y prioritariamente, dinero para evitar despidos, conceder hipotecas, construir más hospitales u otorgar más becas. El espectáculo seguirá funcionando sin galácticos porque el fútbol es apasionante sin necesidad de glamour ni merchandising, pero la sociedad no puede absorber de manera indefinida más parados ni más empobrecidos.
El concepto de solvencia económica debería ser sustituido por el de solvencia ética, y el de beneficios comerciales por el de beneficios sociales y humanitarios. El dinero no puede estar al servicio del dinero, y detrás de él todos nosotros, sino al servicio de las personas, subordinado a las personas. Si esta crisis ni siquiera nos ha enseñado algo tan elemental, tan de sentido común, es que lo nuestro no tiene solución. Estos días en casi todos los foros se debate si es moral o inmoral pagar una cantidad así por un jugador de fútbol cuyo sueldo será, publicidad aparte, de 9 millones de euros netos. Christiano Ronaldo lo tiene claro: en unas pocas horas se ha gastado en copas, para celebrarlo en Los Ángeles con Paris Hilton, la cual es, al parecer, su nueva novia, casi 20000 euros. Yo también: se pongan como se pongan los capitalistas, nadie vale él solo tanto como una barriada, un pueblo pequeño o los empleados de todo un polígono industrial.