El Gobierno ha reconocido por fin que la metáfora floral de los ´brotes verdes´ era una broma. Con tono compungido, la vicepresidenta y zarina de la economía, Sra. Salgado, ha anunciado lo que todos los economistas ya sabían y el pueblo soberano intuía: la economía se contraerá más del 3,5% en 2009, volverá a tener un crecimiento negativo en 2010 y, como hacer pronósticos es gratis, dice que volverá a crecer en 2011. Entra tanto, el paro seguirá su trayectoria alcista, aunque según Salgado, no llegará a los cinco millones. Créame, sí alcanzará esa cifra y la superará a finales de la legislatura. Esto tiene una pinta horrible y recuerden que los peores años de un ciclo recesivo son los segundos, cuando las reservas se han volatilizado. Si ese terrorífico escenario es inevitable, y lo es, lo urgente para el Gobierno es poner diques a la sangría del gasto/déficit público. Entre la pérdida de ingresos derivada de la recesión y el aumento de gastos producido por ésta y por los planes del Gobierno para combatirla, se ha generado un agujero descomunal en las cuentas públicas. Cómo hacen siempre, los socialistas afrontan este problema subiendo los impuestos. Esta vez les toca el turno al tabaco y a los hidrocarburos, mañana al resto de los impuestos especiales y pasado, ya lo verán, a los directos. Es curioso que los socialistas recurran a la imposición indirecta para obtener recursos. Por desgracia, la subida impositiva servirá para poco. Al encarecer los productos, puede reducir su consumo y, en consecuencia, reducir la recaudación en vez de aumentarla. Esto no es extraño en un escenario en el que la crisis golpea con brutalidad a las familias. ¿Por qué no se dan cuenta de que es mejor reducir impuestos?