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Las ´3 F´ y el imperativo categórico

 22:50  

Manuel Jiménez Friaza

Se trata, según me entero por ´Le Monde´, de las letras ´f´ iniciales de ´fuel´, ´food´ y ´financial´ (petróleo, hambre y dinero, diríamos nosotros) con que algunos expertos resumen los tres factores que han agravado –o aumentado, según se quiera medir en cantidad de hambrientos o en sufrimiento humano– el hambre en el mundo. En el completo y oportuno reportaje del diario francés –como suelen serlo en su mayoría– se cuenta que este año alrededor de 100 millones de personas más han engrosado las filas de la ´famélica legión´ humana. Según dos agencias de la ONU, en 2009 aumentará un 11% la subalimentación en el mundo y afectará a más de mil millones de personas.
Lo que pasa con cifras tan descomunales es que escapan del campo de la experiencia inmediata (da igual decir 1'02 millardos de personas ó 1'02 billones: el efecto es el mismo), a nuestra capacidad euclidiana de medir y cuantificar. No da escalofríos, sólo agobio, como le pasaba a Mafalda cuando contaba ovejitas para dormir y, al romper el globo en que se acumulaban en su viñeta-mundo, la hacían despabilarse aún más, sobresaltada. Quizá el concepto de subalimentación, tan frío y científico, pero perfectamente imaginable gracias a nuestra experiencia médica, ayude a entender la monstruosidad de las cifras (sigo al diario parisino): "estado de falta importante de nutrición caracterizado por un aporte de alimentos insuficiente para las necesidades energéticas diarias de un ser humano. Lleva consigo carencias nutricionales. Si se prolonga, acarrea daños irreversibles y, si no se remedia, la muerte".
Lo extraño es el silencio que rodea esta hecatombe humana (´hecatombe´: sacrificio a los dioses de cien bueyes, ¿oiremos sus mugidos?; ´hecatombe´: ¿sacrificio de mil millones de hombres a un dios desconocido?, ¿oímos sus gritos y llantos?, ¿qué dios exige semejante ofrenda?). Un día, un alumno, que no atinaba a entender una explicación sencilla que quería transmitirle, se justificaba diciéndome: es que estoy apantallado...
¿Estamos apantallados, a nuestra vez –literalmente– con el ´blablabla´ de la crisis o la recesión, su ritmo de recuperación, los brotes verdes, los renovados planes de ayuda a empresas, morosos o empuados, o el rumor de trato y regateo de los planes de financiación autonómica, más cercanos y domésticos? Pues seguramente, pero lo cierto es que este dolor de humanidad, este rayo del hambre no cesa de herir la dignidad de los hombres contemporáneos.

El filósofo Kant creía que ningún orden social sería posible si en él las máximas de acción contrarias a la moralidad se erigieran en leyes universales, a las que se adecuaría necesariamente nuestro comportamiento. Y, sin embargo, vivimos en él. Es tan profundamente inmoral el orden en que vivimos que se han erigido como leyes universales de conducta las de la rapiña y el enriquecimiento, el dolo y la usura. Todas estas conductas, que nos han traído aquí desde su legitimación liberal (¿qué es el liberalismo económico sino un darwinismo social, un soporte teórico para la ferocidad?) son –se nos sigue contando así, el cuento– manifestaciones necesarias de un egoísmo que, en la derrama de su exceso, acabaría beneficiándonos a todos.
Decía Kant: "Obra como si la máxima de tu acción pudiera ser erigida, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza". Cuando se olvida y tergiversa el imperativo categórico, como hemos hecho, al permitir que las máximas de conducta contrarias a la humanidad se hayan erigido en ley universal, como hemos hecho, ya sólo queda disimular y distraer la atención en las mentiras de la inmoralidad y la bagatela, subir el volumen del emepetrés para no oír el mugido de los bueyes, como hacemos todos para contentar a ese dios desconocido.

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