El final, el poder está siempre en la calle, en quien puede ocuparla (la masa) y desalojarla (la bala). Una manifestación es un modo de mostrar ese poder, y un desfile también. Cada uno de esos cuerpos tiene debilidades: la de la masa es su inestabilidad, pues pasa rápidamente del estado sólido y compacto al líquido, y en seguida al gaseoso. Mantener una masa humana en estado sólido durante largo tiempo es difícil, pues su aglutinante es una emoción que aunque vive en nosotros casi nunca se desarrolla: el valor. En cambio la bala es paciente, puede permanecer tiempo en la recámara aguardando el momento, como ahora en Teherán. La debilidad de la bala es que, si se dispara, la suerte está echada, y el que a hierro mata a hierro muere. La debilidad de la bala es la cobardía del que la maneja. Si no hubiera vidas en juego podríamos disfrutar de la belleza de esta partida de poder.