Hubo un día que un tuerto miró a la Costa del Sol occidental. Bien es verdad que Marbella recibió la mayor parte del bajío, del que poco a poco intenta recuperarse. Pero Estepona, municipio vecino, paga ahora y con creces la mala ventura. El desastre en el que se ha convertido tiene varios episodios, con un inicio claro en la época del GIL, siglas que bien se podrían atribuir al mismísimo maligno, en una suerte de analogía con la cifra 666. Pero cuando éste decidió irse, o fue echado, quedó contaminada la localidad. Ha pasado mucho tiempo desde entonces y buenas noticias, pocas. Casi ninguna. El último episodio se ha vivido esta semana con un pacto cerrado entre el PP, el Partido Estepona (PES) y seis ediles no adscritos, estos últimos imputados en el marco de la operación ´Astapa´ –igual que dos de los tres del PES–, para quitarle al equipo de gobierno las competencias de la junta de gobierno local. ¿Qué quiere decir esto? Que todas las pocas decisiones que se tomen a partir de ahora tendrán que pasar por el pleno, donde los citados firmantes son mayoría sobre el equipo de gobierno.
¿Futuro? Este movimiento va a constreñir aún más la ya de por sí escasísima capacidad de gobierno que tiene el alcalde, el socialista David Valadez, por culpa de la ruina técnica que sufre el ayuntamiento, que ha provocado incluso la dimisión del edil de Hacienda, Antonio Sánchez, agobiado por las deudas. En el pleno, cada vez que se quiera aprobar algo, la nueva coalición tendrá la potestad de negarse. Y quedan dos años de legislatura... Esto se podría interpretar como el germen de una moción de censura próxima, aunque claro, el PP no querrá aliarse con concejales imputados por una cuestión de imagen. Lo que los populares quieren es que ocurra lo que en Marbella: que se disuelva la corporación, que se nombre una comisión gestora que lleve el municipio hasta las próximas elecciones y, una vez allí, ganar y gobernar. Y puede ser que sea esto lo que suceda, aunque para ello haya que penar estos veintipocos meses y asumir que la ciudad estará paralizada.
Torrox. También se ha movido el PP en Torrox para absorber al centro derecha atomizado, en este caso Convergencia Andaluza y el PIU. En 2011, estos dos partidos desaparecerán porque concurrirán a las urnas integrados en el PP. La jugada salió bien en Benalmádena, donde los populares gobiernan gracias a una moción de censura. En Torrox no hay quórum para ello, pero a ver qué pasa en las próximas municipales. Lo que está claro es que la dirección provincial del partido, con Elías Bendodo a la cabeza y Francisco Salado como segundo, no para de moverse para ganar más y más terreno. Y eso que estamos justo en el ecuador de la legislatura.
Nuevo diputado. Hace pocos días se ha confirmado que será Daniel Pérez, secretario provincial de Juventudes Socialistas, quien sustituya a la ex ministra de Fomento Magdalena Álvarez en el Congreso, una vez que ésta se vaya –ya pronto– al Parlamento Europeo. Los lectores de La Opinión ya supieron de esta noticia hace meses. Para ello ha hecho falta que Remedios Martel, a la que le tocaba por turno, renuncie para seguir como delegada de Medio Ambiente. Otra cosa es las ganas con las que lo ha hecho.
Homenaje. Por cierto, que la ex ministra de Fomento recibió el homenaje de compañeros políticos, empresarios y amigos, casi un centenar, el viernes pasado. Con ello querían reconocer su trabajo como responsable de esta cartera en los últimos cinco años. Para arropar a Magdalena Álvarez, entre otros, asistieron al acto el consejero de Turismo, Luciano Alonso; el secretario provincial del PSOE, Miguel Ángel Heredia; el subdelegado del Gobierno en Málaga, Hilario López Luna; la delegada de la Junta en Málaga, María Gámez; el presidente de la Diputación, Salvador Pendón; y varios concejales del grupo municipal socialista en el Consistorio malagueño, encabezados por su portavoz, Rafael Fuentes.