Una pregunta me cerca el cerebelo: ¿Hace cuánto que una balada no alcanza el estatus de megatemazo generacional? Quizás la última en conseguirlo haya sido ´My heart will go on´, el tema insignia de la película ´Titanic´ (ojo, año 1997). En mi opinión, la cosa tiene bastante enjundia, y lleva a una conclusión meridiana: la sociedad actual ha llevado el "quien canta su mal espanta" a su paroxismo escapista, sustituyendo, en realidad, el "canta" por "baila".
Definamos el concepto: una balada es una tonada de ritmo lento y usualmente con una letra sobre un asunto amoroso; socialmente, es el nicho de mercado perfecto para lo que podría denominarse el subgénero de ´nuestra canción´, el tema que han adoptado las parejas para evocar alguna peripecia sentimental ya que supuso la banda sonora de una experiencia entre la supuesta epifanía y lo iniciático. Expuesto lo expuesto, ¿resulta plausible que alguien se enamore, y por tanto llegue, años después, a recordar emocionado la cosa), mientras suena algo como ´Con el boom, boom, boom de mi corazón´ (David Bisbal)? ¿"Cariño, ¿te acuerdas de cómo nos encontramos con la mirada en la disco mientras sonaba ´A ella le gusta la gasolina, dame más gasolina?"?
Que quede claro, no soy un sublimador del asunto romántico (bueno, algo sí, no me lapiden): en mi opinión, quien dice que el arte es más grande que la vida se equivoca; acierta quien mantiene, y pone en práctica, que una película o una canción engrandecen la vida. Quizás por eso, por ese ocio que ha devorado el terreno de la experiencia íntima, por esa sociedad en la que se mueven más los traseros que los corazones, cada vez las vidas parecen más pequeñas.