Que personas grandes sean castigadas con suplicios pequeños es un arma del destino para igualar a todos, y rebajar la soberbia. De Garzón se podría decir lo que el pasodoble dice del torero Marcial Lalanda ("Marcial, eres el más grande"), y cantárselo cada vez que hace faena judicial. Garzón acabó con el GAL, y luego puso los cimientos para hacerlo con ETA, armando la teoría sobre Batasuna que ahora bendice el Tribunal de Estrasburgo. Por el camino dio los primeros pasos para una justicia penal universal, encausó a Pinochet y sentó en el banquillo por corrupción primero a tirios y luego a troyanos. La mayoría de los tirios y casi todos los troyanos le odian, aunque menos que muchos de sus colegas. A Garzón le pueden acabar comiendo las pulgas, expediente a expediente disciplinario. "Escapé a los tigres, alimenté a las chinches, fui devorado por las mediocridades" (epitafio de Brecht).