Dicen que los patos que viven en un estanque de aguas limpísimas muy próximo a la central de Garoña no han leído los doce folios del Gobierno, pero se han enterado que en cuatro años probablemente ellos también se irán. Las gentes del bonito Valle de Tobalina están aturdidas. Habrá algunos que estén satisfechos con la decisión del presidente del Gobierno, pero la mayoría no acaba de entender por qué una empresa que es rentable y segura, que da trabajo y que permite cubrir objetivos energéticos de España, deba ser cerrada antes de 2019.
Desde el punto de vista técnico no hay argumento. La seguridad es un valor prioritario, pero el CSN ha dicho que es segura, que la central tiene vida en plenitud durante diez años más. Si los únicos autorizados a realizar un diagnóstico lo han hecho, no hay razonamientos ´técnicos´ que expliquen el cierre. Y es que no se trata de una decisión técnica, sino política. Estrictamente política. Al presidente le asiste toda la legitimidad para tomar la "decisión equilibrada". Lo que ya resulta más difícil de digerir es el discurso que acompaña a la decisión. Se afirma que es coherente con el programa electoral. ¿Es coherente, entonces, introducir la reforma de la ley del aborto que no iba en el programa? Dicen que es ´responsable´. ¿No sería una actitud más responsable no introducir en momentos de zozobra un elemento más de inquietud? Se señala que a efectos energéticos no supone daño alguno para el suministro necesario. Es posible que así sea, pero valga como dato que Garoña da energía como para abastecer a toda Cantabria. Y cuando algo no sobra, ¿por qué prescindir de lo que ya se tiene? En el argumentario se incluye la decisión de impulsar las energías alternativas. ¿Quién ha dicho que Garoña sea incompatible con el desarrollo de las energías alternativas?
Se concluye la bondad de la medida con un plan alternativo para los trabajadores de Garoña. El plan todavía no existe y como la suerte del plan que dice que vendrá sea la misma que la de esas empresas que iban a instalarse en la bahía de Cádiz para dar trabajo a los empleados de Delphi, la cosa es para echarse para temblar. Al presidente, siempre lo he sostenido, le gusta bailar en el alambre y ahora vuelve a hacerlo. Pero si se quiere cerrar, lo realmente coherente es que el cierre se hubiera llevado a cabo en 2011.