La ´rive gauche´ del Parque se queda sin fiesta de fin de semana. Ya no habrá corrillos etílicos dándole que te pego al concepto juvenil de bebo, luego existo. La municipalidad competente ha decidido en estado de sobriedad terminar con la libertad vigilada del botellón a la sombra de los castaños de indias y del futuro palmeral de las sorpresas. Hace tres años que eligió esta zona sin que los jóvenes la refrendasen con el éxito que antaño tuvo la plaza de la Merced ni con la multitudinaria asistencia que convirtió la pasada Noche de San Juan en una verbena alcohólica que dejó en la playa navajazos, vómitos, orines, cristales, ecos de ambulancias y casi ningún resto de fogatas. Y es que el único fuego que se celebró fue el de los sentidos inflamados por el consumo masivo de alcohol sin hielo y en esas diversas combinaciones que ningún barman recomendaría a sus clientes con mejor saque. Se termina pues el botellón del Parque donde los jóvenes calentaban motores antes de irse a los bares y discotecas del centro a seguir la marcha. Lo cual demuestra que lo de beber a gañote y pagando a escote lo poco que cuesta comprar provisiones embotelladas, en los chinos y en los pequeños drugstores de la madrugada, no es la razón del nacimiento del botellón. menos aún si nos fijamos en que la mayoría de los jóvenes manejan una buen apaga, motocicletas, ropa de marca y el beneplácito de tantos padres cansados de lidiar con las hormonas, exigencias y mala educación de muchos adolescentes que se divierten tumbando las papeleras de las playas, rayando coches, acosando chicas e insultando a los mayores. Aún así, el Ayuntamiento, magnánimo con sus futuros ciudadanos de provecho, ha firmado un acuerdo para que los bares del centro les sirvan copas un 50% más baratas. Una medida que podría terminar provocando que les llene las copas con alcohol de garrafa, igual que ya les sucede a los adultos con poder adquisitivo y paladar refinado.
Se cierra el Parque sin que los jóvenes le hayan dado al Ayuntamiento la alternativa de otra zona. Poco importa porque a los adicto botellones los que les gusta, como a cualquiera, es que nadie les diga donde tienen que darle al codo. De hecho, hace tiempo que muchos se lo montan en la playa de La Malagueta, en la plaza de las Flores y donde les viene en gana, mientras llega agosto y se levanta la veda de la feria del centro. Es lógico, ellos reclaman vivir su vida en libertad, sin límites, sin normas, sin las monsergas de los que defienden la cultura de beber sin tanta ansiedad. Claro que también hay adultos guays que defienden que el beber como válvula de escape ante estos tiempos de estrés, de crisis y violencia reprimida. igual que han hecho en la población valenciana de Cullera dos polacos que se forran con un bar donde sus clientes pueden insultar a los camareros, llamar cabrón o hijo puta al bebedor de al lado y encima sueltan tacos originales los dueños los invitan a una ronda gratis. Vaya talento para el de esta pequeña PYME del alcohol para hacer caja y a traer turismo de barra fija y que a buen seguro copiarán otros empresarios del verano.
Total, que no se preocupen los jóvenes. El botellón no va a acabarse por muchas prohibiciones que legisle la Junta, los ayuntamientos o el círculo de hostelería. El alcohol, como se demostró durante la vieja ley seca norteamericana, siempre se las apaña para tener una barra libre, para sobrevivir a la moralidad, a los padres, a la política, al ipc de los precios. Así será mientras se considere que emborracharse es divertirse y que la mejor manera de ver la vida es hacerlo a través de una botella.