Errar es de humanos, pero se ve que hay gente que es muy, muy humana. Por tercer año consecutivo la prestigiosa y otrora muy fiable Oficina Meteorológica Británica se ha equivocado en sus pronósticos climatológicos para el verano. La previsión textual al inicio de éste fue que sería un tiempo "ideal para barbacoas", incluso con un 65 por ciento de días "asfixiantes". Pues resulta que ha hecho hasta frío. Que ha llovido una jartá, casi más que nunca (no tanto desde 1912) y que más de una barbacoa habrá tenido que ser suspendida por brumas y nubarrones:
-Darling, guarda el pudding que parece que hay nubes.
-John Joseph Smith de mi soul, es la última time que te hago caso. Qué coñazo meter otra vez toda esta cantidad de cosas y comidas para adentro.
-Y qué quieres, la tele ha dicho que haría good weather.
Por eso, el británico medio, pero también el de clase alta y hasta el hooligan (al que no hace falta cabrear porque ya lo está) tiene un cabreo monumental, a la Oficina Meteorológica le llueven las críticas, nunca mejor dicho, y la sensación de que estas cosas son un poco chapuceras se extiende. O que el tiempo es impredecible. O que el lobby del turismo local ha presionado para que se pronostique buen tiempo, algo que han insinuado varios diarios.
Claro que, lo mismo desde aquí hemos presionado mejor y hemos conseguido que llueva y vengan a España. Tal vez la mejor promoción turística, se nos ocurre, sería una partida presupuestaria para sobornar a los hombres del tiempo. De Turquía, Croacia, Túnez (destinos emergentes) y de Alemania, Suecia e Inglaterra (emisores tradicionales). Que dijeran que en sus países se espera un tiempo del demonio y un frío como cuando el grajo vuela bajo pero que sin embargo en España el sol lucirá sin descanso.
En cualquier caso, la grandiosa pifia de los meteorólogos británicos nos hace pensar en otras profesiones de riesgo. De riesgo de equivocarte.
Un meteorólogo es un vidente con estudios. A veces un predictor con el título de físico o químico, pero muchas veces el paisano de boina y camisa raída a cuadros, palillo en la comisura, navaja en el bolsillo derecho y en el izquierdo un trozo de salchichón de Cártama da mejores pronósticos mirando el cielo o la tierra. "Va a caer más que cuando enterraron a bigote", anuncia solemne mientras tu ves el cielo azul inmaculado. Y acierta. Y a lo mejor acierta porque las cabras cagan a las doce cuando se descomponen por el cambio de tiempo y te crees que lo ha adivinado mirando al cielo y lo ha adivinado porque está oliendo la majá de la Tomasa, que es como llama a su cabra.
Cuentan en una zona de Málaga que los nativos advirtieron claramente a los ingenieros foráneos, que iban a construir una de los más grandes embalses que tenemos, que la zona se llamaba el saladillo. Y que por algo sería. Imaginamos la altivez del ingenierete de turno.
Pues bien, el agua embalsada de esa zona es de una alta salinidad, no potable, hay que mezclarla para rebajar su salinidad.
Otra profesión de riesgo, de riesgo de equivocarse es la de cura: "Hasta que la muerte os separe". Sí, ja, ja, se divorcia más gente que nunca. A ojímetro, aciertan una de cada tres, lo cual es un porcentaje inaceptable. Eso por no hablar de cuando te absuelven de los pecados. O los fruteros: "Este melón está de dulce"... ya, ya... de buenas predicciones están las sepulturas llenas. Porque un melón malo sienta muy malamente. O los mecánicos: "Son 500 euros, pero no tiene usted que tocar el coche en un año". Eso, eso hubiera sido lo bueno, ni tocarlo, porque le he hecho cien kilómetros y me ha dejao tirao. En cualquier caso, no conviene negar que en ocasiones somos nosotros mismos los peores augures o profetas. Sobre todo en lo que atañe al deber: "De hoy no pasa que entregue los papeles"... Bueno, si hace buen tiempo.