Hoteles especiales ofrecen todo tipo de comodidades para las mascotas… Ya, ya sé que no he comenzado hablando de los planes generales de desencuentros urbanos entre la Junta y el Ayuntamiento de Málaga; y lo asumo contrito, pero ya me saluda agosto. Por eso estas líneas comienzan hablando de esas ´vacaciones para perros´ que ponían su puntito de ligereza veraniega en la portada de La Opinión de ayer. Ante la foto de ese perro que parecía disfrutar recostado sobre un flotador en la piscina, era fácil sentirse agraviado. En esos hoteles –que hacíamos bien en calificar ayer en el periódico cuanto menos de ´especiales´– les ofrecen a los canes no sólo chapotear en la piscina, sino diez paseos diarios, desayuno y cena. Espero que entiendan, tan generosos como siempre como lectores de este humilde aprendiz de plumilla los jueves y los sábados en el periódico desde hace una década, que tanta atención vacacional a ese perro de la fotografía, además de rebotarme el absurdo cotidiano y las contradicciones de nuestro tiempo occidental, me haya provocado un agravio comparativo del que espero resarcirme pronto. Me voy de vacaciones...
Aprovechando la comprensión de mis jefes conmigo, si se fijan, he rellenado ya hablando de perritos privilegiados parte de este artículo último de julio. Ahora queda echar el resto para revisar algo de nuestra actualidad en lo que queda de espacio, y sin abundar en el recurso fácil de hablar del cartel de la Feria de este año (ese collage pictórico de Lorenzo Saval de azulada alegría serena), o de la crisis a la hora de gastar mucho o menos en las casetas del Real o en la feria del centro... (y, mire usted por donde, con esta reflexioncilla ferial ya hemos rellenado algo más de este artículo).
Quizá lo que queda de espacio lo merezcan quienes se han quedado en paro o siguen desempleados este mes, y no van a poder encarar agosto con las mismas ganas de vacaciones que quienes sí podemos (y debemos por salud mental y familiar). A ellos, si también leen generosamente este periódico, doblemente gracias un año más. Ayer hablé con uno de esos empresarios que se preocupan por sus empleados, y que saben que una relación empresario-trabajador debe ser mucho más cercana que la que se ha ido normalizando para que ambos se impliquen en salir adelante sintiéndose parte de algo. Su preocupación consistía en que había tenido que despedir a un trabajador y que éste le había comentado que en el INEM le obligaban a elegir entre el resto de desempleo que le quedaba antes de hacer el contrato con él o los seis meses últimamente trabajados. El hombre le había dicho que si hubiera sabido que no le sumaban lo cotizado, habría preferido seguir cobrando el desempleo y trabajar por ahí en negro... Me dejó cavilando en que a veces las cosas no se hacen bien, ni propician la iniciativa empresarial ni la del trabajador. Y de ésas y otras cosas seguiremos hablando... Hasta septiembre.