Nos contaba Aldous Huxley en un ensayo de esos suyos, que tanto han ganado con el paso del tiempo, que los madrigalistas italianos buscaban sus textos entre los poetas más admirados de la época. El Dante era considerado demasiado áspero e incluso anticuado. Por eso el gran favorito era Petrarca. En él, los ángulos y las costuras del lenguaje nunca se notaban. Al fin y al cabo cada madrigal era un poema en tono coral, que se concentraba en tres o cuatro intensos minutos.
Siempre he pensado que los veranos en los sitios de moda parecen hechos para aquellos madrigalistas del Renacimiento. Viñetas que se van intercambiando. En las orillas del Mediterráneo, del Adriático o de un lago suizo. Eso sí. Nunca lejos del agua.
La llegada de Richard Wagner al hotel Schweizerhof en Lucerna en 1859 fue la realización de un milagro poco frecuente. Pasar la barrera, la muralla del final del verano, como si ésta no existiera. Al maestro le encantó la ciudad, las montañas que rodeaban el lago y sobre todo el hotel. Había un problema. Era el fin de la temporada y el augusto establecimiento cerraba sus puertas. Los propietarios entonces del Schweizerhof, la familia von Segesser, decidieron que no se podían defraudar las expectativas del famoso compositor. El hotel se cerró pero habilitaron un anexo para él. Y una bellísima y joven gobernanta, la Srta. Verena Weitmann se hizo cargo del pequeño grupo de empleados que atendería al único huésped. El fruto de aquel invierno en aquel hotel-palacio en las orillas del lago de Lucerna fue el tercer acto de Tristán e Isolda.
Las viñetas van pasando en este mes de Julio en Marbella, mi pueblo. En el que mi máxima aspiración es convertirme un día en turista, perdido felizmente en sus playas o en esos jardines que se obstinan en seguir luchando contra el cemento. En una de las viñetas recuerdo a una escritora malagueña, María Cabrillana de Rivas, de intensidades y penumbras chejovianas. Presentó ante un público enfervorizado su "De cal y sombras". Entre los asistentes estaba un fascinado y eminente matemático británico, Graham Hawker. De nuevo el contrapunto de los madrigalistas. Me comentaba Graham que el problema de Marbella era que nadie había dicho claramente cuáles eran los axiomas. Los matemáticos buscan siempre el contexto, los axiomas del sistema. Además por eso los políticos generalmente odian las matemáticas. Es el único idioma en el que no se puede mentir.
Tardes de vino y rosas. En Loewe de Marbella se presentaban sus tesoros unidos a la capacidad de deslumbrar de Paco García y su equipo del restaurante El Lago. Inolvidables. Los aromas de los cueros nobles de Loewe unidos a las fórmulas secretas de la cocina de esos jóvenes maestros.
Llegué y casi no llegué. Un día de montañas, fresco, en una casa serrana, no lejos de Marbella. Un arroz hecho en el secreto de la tradición familiar. Tuve que luchar con el reloj para no perderme la presentación de Tiffany & Co en el Marbella Club. Emocionante el recuerdo a Audrey Hepburn y sus desayunos neoyorquinos en una Marbella entre la luz y la neblina que venía del mar, que Audrey había compartido hace muchos años con Los Monteros y el Marbella Club. También en un contrapunto de madrigalista, Tiffany & Co, unos de los joyeros más admirados del mundo, intercambiaron su presencia en un acto benéfico destinado al todo Marbella con una presentación casi en familia de sus tesoros. Con el arroz campero en el alma, las luces estelares de aquellas joyas enviaban sus mensajes con la pureza de una ecuación matemática.