Carlos Pérez Ariza
Desde hace 50 años, la travesía del Puerto de Málaga a nado es una tradición veraniega que anuncia la gran fiesta del Mediterráneo, que es la Feria de agosto. Es una prueba que un nadador joven, pero experimentado, soluciona en unos 15 minutos si es hombre y en otros 18 si es mujer. El alcalde de Málaga lo hizo el pasado domingo en casi 32 minutos, ganándole a su joven compañero, el concejal de Urbanismo, quien empleó 36 minutos.
Su secreto es la constancia deportiva, que le viene desde la juventud de los Maristas. Una brazada larga y acompasada, sin prisas, porque aquí no se trata de llegar primero, sino de concluir la casi milla marina de mar tranquilo del Puerto malagueño. Aquí lo que demuestra el jefe de la Casa Consistorial es la resistencia y no la velocidad.
Al contrario que en la política municipal, donde primero hay que ganar por mayoría, para después mantenerse a flote contra toda adversidad propia y ajena, el nadador del Puerto tiene que estar seguro de que llegará a la meta sin desmayar ni un segundo. En eso de resistir, el alcalde malagueño es un experto. Lleva nadando en las aguas del Puerto quince años, unos cuantos menos al frente de la ciudad. La metáfora es sencilla.
Cada año que se lanza al agua, recordamos a un maduro Burt Lancaster de 55 años, en aquella poco conocida, pero memorable película ´El nadador´ (1968, Frank Perry, ´The Swimmer´), donde recorre su condado atravesando a nado las piscinas de sus vecinos, mientras teje una profunda reflexión sobre el fracaso del sueño americano.
Es posible que en esos 32 minutos de travesía del domingo, el alcalde haya aprovechado para pasar una húmeda revista a los asuntos pendientes de la ciudad. En cada brazada de avance, en cada metro ganado al mar, probablemente repasó la encerrona del PGOU; las disputas con la Junta de Andalucía, que son varias y diarias; los soterramientos pendientes; los puertos deportivos que aún no tiene Málaga; los rascacielos que son rebajados; los vecinos de aquí y de allí, que nunca están contentos; el Museo arqueológico o el nuevo Thyssen; el auditorio, donde escuchar a la Filarmónica; el Macro hospital, cuyo proyecto es esquivo; la crisis, que ralentiza el progreso de la ciudad; el parque marítimo Arraijanal; las mociones que alargan los Plenos hasta lo imposible; los fondos Feder que nunca llegan; la escasez de VPO, que mientras más hacen, más se necesitan; los recortes presupuestarios; su Partido, el local y el andaluz; las próximas elecciones a las que se presentará. La meta está ya a pocas brazadas si las piernas aún resisten.
La natación es un ejercicio de resistencia y de reflexión, porque esa media hora da para mucho. En el mar, también el tiempo es relativo. Se puede despachar esos mil metros en 15 o en 32 minutos, todo depende de la capacidad física de cada uno. El primer edil no se lanza al agua para demostrar que aún sabe nadar, sino para que se sepa que todavía puede llegar a la meta.