Formas de ser solidarios de verdad
Hace unos años, vi en Pamplona, en visita a un compañero de preparación de ingreso en Obras Públicas. Me contó que su hijo acababa de terminar la carrera de Medicina y se quería ir de médico voluntario a una zona próxima a Chechenia, que en ese momento estaba en plena guerra. La postura del hijo me pareció idealista y le animé a que le diera permiso. Sólo pensé en la madre a la que no se le podría evitar el desasosiego que le produciría la incertidumbre del riesgo y la lejanía del hijo. Ahora me encuentro con una breve entrevista a Arianna Toscano en ‘La Provincia’, que ha ido de enfermera voluntaria con la ONG Asociación Internacional de Sanitarios Españoles, a los Andes y la costa ecuatoriana. En setiembre piensa repetir, o ir a Honduras. La gente joven que se sacrifica en estas misiones apoya con la práctica una de las aspiraciones de Benedicto XVI, en su última encíclica social, cuando dice: “Se precisa un nuevo impulso para comprender mejor lo que implica ser una familia: la interacción entre los pueblos del planeta nos urge para que la integración se desarrolle bajo el signo de la solidaridad”. Todos, al volver de misiones como éstas, vienen a decir algo parecido a lo que declara Arianna: “Lo que te hace volver a esos países con necesidades es el trato con gente tan maravillosa, y la satisfacción personal de hacer algo que vale la pena”.
José Luis Mota Garay
Málaga