La creación por parte del Gobierno del llamado Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), con dinero y avales públicos, ha propiciado que se vayan activando fusiones financieras, ya con nombres y apellidos. Así, por ejemplo, son conocidas las intenciones de Unicaja, Cajasur y Caja Jaén de crear una gran caja andaluza.
La crisis financiera y, en particular, la intervención del Banco de España en la Caja Castilla-La Mancha pusieron las cajas en el punto de mira de las autoridades económicas, que lejos de guardar discreción abrieron el melón de las fusiones sin una mínima hoja de ruta pactada, lo cual está dando pie a un sinfín de especulaciones que no parecen conducir a nada bueno, cuando lo que está en juego es algo más de la mitad del sector financiero español. Es evidente que si el Ministerio de Economía y el Banco de España propician, con suculentas ayudas, las fusiones de las cajas es porque hay entidades que están mal, como resultado de la crisis financiera. Si se pretende que queden unas quince o veinte cajas en toda España es porque se cree que de ese modo, haciéndolas más grandes y fuertes, podrán sobrevivir. Hasta ahí, nada que objetar. El problema, que puede terminar –¡ojo!– en desconfianza de los clientes, se da cuando empieza el bailoteo y unos asumen el papel de machistas hacendados que compran mujeres en matrimonio y otras parecen esas pobres adolescentes africanas a las que sus familias venden al mejor postor. Francamente, grotesco.
La primera conclusión, por tanto, es que el asunto hay que replantearlo, cogiendo el toro por los cuernos e identificando bien quién es quien; es decir, quién tiene competencias en la materia, quién lidera el proceso, y quiénes están obligados a entrar en el juego y quiénes pueden quedar a salvo. Porque una vez más se está mezclando en esta crisis a quienes no tienen serios problemas financieros con quienes sí los tienen, y graves. A mayores, si se quiere, también puede entrarse en la definición de las propias entidades, de modo que se clarifique de una vez sus derechos de propiedad, ya que a día de hoy no está claro quiénes son sus ´accionistas´ ni quiénes deben gobernar las cajas. La gran obra impulsada por el profesor Fuentes Quintana, que puso los cimientos institucionales para el desarrollo de las cajas en España, está amenazada de derribo, sin que aquí nadie haga nada por evitar semejante guirigay financiero y político.