Apenas agotada la Feria, los políticos se retiran a sus cuarteles privados para tomar aliento. Septiembre está a la vuelta de la esquina y el último cuatrimestre del año 2009 los precipita sin freno hacia el año preelectoral municipal.
La incógnita a despejar en ese tablero es una: el candidato final del PSOE. El PP, que gobierna la ciudad, lo tiene claro, sin dudas: el actual alcalde, bien vale para cuatro años más. Con casi dos temporadas y media a sus espaldas, de la Torre ha sabido nadar y guardar sus trastos.
Llegó al cargo por la carambola de Celia Villalobos, y se posicionó en esos dos primeros años para ganar dos veces consecutivas por mayoría absoluta. Lleva en el mismo despacho desde mayo de 2000 y estará, al menos, hasta mayo de 2011, cuando se presente a seguir allí para el siguiente periodo municipal (mayo 2011 a mayo 2015), habrá cumplido 72 años.
De ganar y completar su siguiente mandato como primer edil, el actual alcalde cumpliría catorce años en el cargo. Aún le supera al alcalde socialista, Pedro Aparicio, quien gobernó la ciudad durante dieciséis años consecutivos, cuatro períodos municipales completos. Son marcas que sólo alcanzan los políticos de raza.
Los tiempos y la edad para los políticos no es igual que para las demás personas. Si muchos, la mayoría se jubilan alrededor de los 65 años de edad e incluso antes, éstos eluden tales costumbres y se presenta como trabajadores inagotables, inmunes al paso del tiempo. Por eso, los jóvenes que se meten en estos terrenos deben tener una principal virtud a prueba de nervios: la paciencia.
Por el contrario, los militantes socialistas, enfrascados en sus particulares rencillas internas, sus ansias de gobierno en otras latitudes y sus descalabros más o menos recurrentes, se han diluido en ser una oposición municipal débil, fragilizada e incoherente. Por el momento, tienen precandidatos municipales, aspirantes, pero aún las cúpulas no han decidido a quien ungir con el posible bastón de mando. Aseguran que antes de fin de año lo anunciarán a sus electores. Pero durante este período la incertidumbre y la quiebra del grupo municipal socialista ha sido la tónica
Y no creemos que eso sea bueno, ni para ellos ni para los que gobiernan. La democracia, cuya más antigua práctica es la municipal, se debilita cuando quien manda por el voto popular no se enfrenta a una crítica seria y sólida. Mientras que los que se oponen se debilitan todavía más si su voz es débil, quebradiza y sin autoridad. Mientras tanto el ciudadano votante aprende y sabe a quién vota.
Mientras este verano languidece y las tardes se acortan frente al sol crepuscular aún caliente, los políticos siestean balbuceando nombres y marcando quinielas, que tendrán que anunciar pronto. Los otros, más tranquilos que las gaviotas del Puerto, revolotean sin mayores sobresaltos. Este verano se va, cuántos se han ido, otros vendrán a engrosar las urnas de los eternos políticos.