Reacción del hombre de hoy (consumidor) ante la gran piedra del Urriellu (Naranjo de Bulnes): apropiarse de ella, como fetiche máximo. Constatada la imposibilidad, hay sucedáneos: a) treparla, para domeñar su carácter poco a poco, hasta superarla en altura (vencer la cima, se dice); b) tocarla, o sea, darle la mano, igualándonos en ese tuteo (ella es más grande, pero no se mueve), y dejando la mano allí hasta que diga cosas; c) ensayar ritos, como el de, cerca de ella, buscar la distancia justa en que su tamaño aparente coincide con el de un humano, y hacer juegos repetidos con esto; d) merodearla en la lejanía, con la debida unción, buscando adivinar, como se lee un pentagrama, el sentido de la sinfonía que forma con otras piedras. Nadie respetuoso con la divinidad debería dejar de practicar una al menos (mejor dos) de estas liturgias. Valen otras montañas gigantes en forma de menhir.