Dos años después del inicio de la crisis, el Gobierno, los medios oficiales, etc., fían la recuperación a la consolidación de brotes verdes y a que San Obama nos saque del agujero. Pero, ¿más allá de la propaganda, se adoptan medidas efectivas para salir de la peor crisis vivida aquí desde que hay estadísticas fiables?
Fijémonos en el Gobierno. Si vemos las decisiones de más impacto (plan E, subsidio para los parados que agotaron su prestación, ayudas para la compra de coches) observamos que son parches que no van más allá de los próximos meses. Cunde la sensación de que no sabe qué hacerse, una vez ha gripado el motor que tiraba del resto (la construcción). Al mismo tiempo, se nos amenaza con subidas de impuestos y se recurre al endeudamiento para sufragar gastos, mientras esperamos que afuera se recuperen y vuelvan por aquí de vacaciones o compren segundas residencias en la costa.
Retrasar las decisiones en espera de tiempos mejores no es sólo obra del Gobierno. Según un informe de Variant Perception, nuestra banca se dedica a ocultar sus problemas gracias a: una relajación en los criterios de aprovisionamiento de los préstamos inmobiliarios en riesgo (auspiciada por el Banco de España) o a la refinanciación de préstamos a constructoras fantasma, con la intención de que "las cosas se calmen y se recuperen los créditos concedidos".
Si ésta fuera una crisis de pocos meses (como la de después de los Juegos Olímpicos del 92), ganar tiempo podría tener sentido. Pero, ¿y si EEUU vuelve a caer en recesión, como pronostica Nouriel Roubini para finales de 2010, y no puede tirar del carro? ¿Y si los inversores, en 2010-2011, no aceptan más nuestra deuda pública? ¿Y si el mercado inmobiliario tarda cuatro-cinco años en recuperarse, como apuntan expertos solventes? ¿Y si…?