Diada

 22:22  

José Cavero La celebración de la Diada, la celebración de las fiestas de Pozuelo y la presencia de Hugo Chávez en Madrid fueron tres acontecimientos que el viernes merecieron atenciones policiales extraordinarias, para que no se soliviantaran algunos ánimos y se llegara a extremos imaginables. En Barcelona, en efecto, como ya había ocurrido en ocasiones anteriores, la Diada terminó con la quema de una bandera española y otra francesa por parte de cuatro encapuchados que se supone que eran independentistas de los que en otro tiempo estarían militando en Terra Lliure. Posiblemente ahora también lo hagan, porque los vivas a la organización terrorista volvieron a escucharse. Es posible que la larguísima espera de la sentencia sobre el Estatut esté excitando los ánimos de algunos catalanistas. Y ahí tenemos al presidente del Barça, a la cabeza de las manifestaciones de quienes reclaman un Estado catalán.
Pozuelo era un segundo punto caliente tras los incidentes de la semana anterior, protagonizados por varios millares de chavales "con un par de copas demás" y deseosos de dar tienda suelta a sus deseos de "quemar el pueblo". Esta vez, las prevenciones que adoptaron las fuerzas policiales impidieron desórdenes, aunque no totalmente escenas de botellón. Resulta evidente que el botellón se ha convertido en forma de protesta y de alterar el orden ciudadano. Y las autoridades locales parecen haberlo advertido demasiado tarde. Cuando se ha querido cortar la costumbre, los chavales se han resistido por considerarlo ya un derecho adquirido.
En tercer punto caliente lo protagonizó la visita de Hugo Chávez, que se reunió con Zapatero y con el Rey y también tuvo oportunidad de comprobar que su nombre y su presencia dividen a la opinión pública, aunque logra que una multitud de vociferantes le escolten por donde acude. Venezolanos en el exilio, colombianos que se creen enemigos del populista y la ultraderecha española, todos coinciden en insultar al ´caudillo´ Chávez, un ex militar golpista que lleva diez años ejerciendo la presidencia de un país rico, ganando en sucesivas consultas electorales. En rigor, aún hubo otro personaje que suscitó en la tarde noche altísimos niveles de confrontación pública: Belén Esteban y la acusación-sugerencia de que somete a su hija Andreíta a niveles excesivos de ´popularidad´ y presencia en los medios informativos. En un par de cadenas televisivas, a lo largo del día, no se hablaba de otra cosa.

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