Fernando Jáuregui
Tras un debate parlamentario bastante triste sobre la situación económica, la semana política española concluía con dos contactos internacionales por parte de Zapatero: la cumbre hispano-italiana, en la que Berlusconi dejó bien claro su talante zafio y machista, y la visita de Hugo Chávez a Madrid. Menos mal que, luego, el presidente español remató la faena yéndose a París para ser abrazado, como suele, por ´Sarko´.
Una visita, la de Chávez, que ha dado estupendas imágenes, que demuestran a lo vivo lo que es un líder populista y algo demagogo: su paseo por la Gran Vía madrileña, comprando libros en compañía de un divertido presidente de Repsol, Antoni Brufau, sólo puede compararse con las circunstancias que acompañaron a una de las entrevistas periodísticas que concedió durante su breve estancia en España. El redactor fue convocado a las tres de la madrugada a un hotel por el embajador venezolano para hablar de la solicitada entrevista, pero, cuando llegó el periodista, allí no estaba ya el embajador, paradigma de la mala educación que siempre acompaña a los bolivarianos. Lo demás, las entrevistas otorgadas a medios que la embajada consideraba ´simpatizantes´ de la causa bolivariana, pura propaganda sin mayor valor informativo, si no es el de confirmar la escasa estatura democrática del caudillo venezolano.
Berlusconi es, en cuanto a talante, casi el Chávez en versión italiana. Hay que ver el recital de mal gusto que ofreció a sus visitantes del Gobierno español –especialmente a las vicepresidentas y a las ministras– ese ´Casanova´ septuagenario. La prensa adicta al peculiar primer ministro italiano (bueno, no es adicta, es, simplemente, propiedad de Berlusconi) ha dado su particular versión de esa cumbre y de la visita de cortesía que Zapatero realizó a Villa Certosa, la mansión sarda donde ´il cavaliere´ mantiene sus lances galantes. En fin, cabe decir que ZP anduvo algo ingenuo al aceptar la pérfida invitación de don Silvio para acudir a la sede de tanto vergonzoso escándalo, ´legitimando´ las tropelías que allí se han cometido.
Berlusconi y Chávez inauguraron la trepidante agenda internacional que permitirá a Zapatero olvidar por unos días los disgustos domésticos. Este domingo, el boliviano Evo Morales, a quien algunos se empeñan en presentar como un nuevo Fidel de los Andes, llega a España, donde el lunes comienza su visita tras mantener un multitudinario encuentro con miles de sus compatriotas en Madrid.
No han faltado en España voces críticas con las visitas de los dos bolivarianos: carecen, en mi opinión, de razón, porque España, organizadora de las cumbres iberoamericanas, está obligada a mantener una interlocución privilegiada, por historia, por imperativo moral y político, y también por conveniencia económica, con los países de América Latina. Con todos los países de América Latina, sea cual sea su sistema político o su mayor o menor grado de democracia. Y así lo entienden, me parece, todos, sin excepción.