Ahora que todos somos periodistas

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RAFAEL DE LOMA* Es como si, de pronto, todos fuéramos periodistas, los de la ciencia, los del deporte, los espontáneos, los tertulianos, usted y yo, los rumberos televisivos, los obsesos de la red. Millones y millones de nuevos ´periodistas´ inundan el ciberespacio, nos cercan, nos apabullan, nos gritan… Jopé, qué tropa. La veda la abrió Internet cuando salió de los centros exclusivos y entró a saco en las oficinas y en los hogares de centenares de millones de personas necesitadas de comunicarse y de comunicar.
El revolucionario invento del siglo XX transformó la comunicación, nos puso a todos muy cerquita el uno del otro, rompió fronteras, y como la noticia necesita resquicios por donde sea para aflorar, se crearon y desarrollaron periódicos digitales, páginas webs, bitácoras, tribunas cuasi informativas y de opinión, que se desparramaron y se siguen desparramando por el mundo en la más impresionante riada de verdades y mentiras de toda la historia. ¿Esto quiere decir que hay un nuevo periodismo, o que el periodismo ha cambiado? Creo que no. Hay nuevos, inmensos soportes, pero no ha surgido un periodismo más moderno ni un nuevo periodismo. El nuevo periodismo de los sesenta, el del norteamericano Tom Wolfe, o el de nuestro Tico Medina, o el más reciente inspirado por García Márquez en su famoso Taller, nada tienen que ver con tecnologías y sí con conceptos éticos y deontológicos y con técnicas de rigor narrativo.
Hay, eso sí, un número infinito de usuarios de Internet que alegremente se denominan a sí mismos periodistas, y hay también un número considerable de profesionales radicalizados en contra de la prensa escrita a la que condenan con cierta razón, pero también con prejuicios y en algunos casos sin juicio.
El periodista Mario Tascón, ex mandamás de Prisacom, inspirador de la weblog ´233 grados´ (temperatura a la que arde el papel), ha escrito un decálogo curioso en el que explica los motivos elegidos por la prensa escrita para su propio suicidio. Lo copio del blog ´Visualmente´ del gran diseñador y profesor argentino Norberto Baruch. Estos son los fallos que, según mi amigo Tascón, llevarán a la muerte súbita a los diarios tradicionales:
1.– Creer que papel y web son dos versiones del mismo contenido, no dos medios diferentes. Hacer periódicos que parecen webs y webs como los periódicos.
2.– Menospreciar los intereses de la audiencia. Invocar el nombre del lector en vano.
3.– No invertir en innovación, ni en la mejora de calidad del producto.
4.– No invertir en periodismo.
5.– Intentar que los profesionales trabajen para dos productos distintos a la vez, con lo que se consigue mínimo común denominador.
6.– Apoyar la difusión con elementos espurios, ajenos completamente al corazón de lo que se vende.
7.– No asimilar correctamente la pérdida de poder y de influencia
8.– No escuchar a la gente joven.
9.– Olvidarse del sentido del humor (incluso con uno mismo) y del entretenimiento.
10.– Estar tan tranquilos durante años pensando que iba a existir un trasvase natural de ingresos publicitarios de un medio a otro, cuando… ¡¡¡sorpresa!!! Allí estaba Google recogiendo el dinero que, además, era menos.
En mi artículo no cabe toda la reflexión que sugiere el decálogo, que, en casi todos sus puntos, es razonable y revelador, pero sí cabe una rápida conclusión que extraigo después de una lectura pausada. Para Tascón, que preconiza la pronta desaparición de los diarios de papel, tampoco hay un nuevo periodismo, porque lo que en realidad le echa en cara a la Prensa es la falta de ejercicio del periodismo auténtico, del viejo periodismo, el de siempre, el que ha superado toda clase de avances tecnológicos, ése que tampoco se encuentra con facilidad en muchos sitios de la red.
Una cosa es que el ejercicio de esta profesión se ponga al día y evolucione –la mejor revolución es la evolución– y otra bien distinta que vaya a desaparecer fagocitado por Internet. Al contrario, es la red la que tiene que adaptarse al periodismo de verdad, la que tiene que vacunarse contra rumores, infundios, intoxicaciones, cizañas, medias verdades y mentiras, todas esas y otras muchas barbaridades generadas desde el anonimato y la cobardía.
* www.rafaeldeloma.com

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