Albert Cano
En momentos como los actuales, ¿qué hacen las instituciones (partidos, medios, sociedad civil) para tirar del carro?
Hemos visto que un gran grupo de medios (hasta hace poco, complaciente con el Gobierno), ha pasado a atacarlo y a tildarlo de incompetente para gestionar la crisis. ¿Ha sido por un arrebato moral o porque ZP aprobó un decreto que beneficiaba a otro grupo y ponía contra las cuerdas al primero, agobiado por su enorme deuda?
Hemos presenciado como, por 138ª vez, uno de los grandes partidos se saltaba el pacto anti-transfuguismo y auspiciaba una moción de censura en Benidorm, por la que el PSOE quitaba la alcaldía al PP. El colorido del asunto reside en que la operación fue inspirada por los padres de la secretaria general del PSOE, Leire Pajín, a la que desobedecieron, lo que generó la expulsión de mamá del partido. Drama en versión bufa, en un paraíso turístico-ladrillil.
Más. Hace años, se decía que la modernidad en España entraba por Cataluña. ¿Qué sucede ahora por allí? Pues que se monta un simulacro de referéndum independentista en Arenys de Munt, con notable apoyo, pero con baja participación. Pese a ello, la consulta ha puesto de los nervios a algunos, por si cunde el ejemplo.
Pero no hay tal. Ver que un descendiente de la burguesía catalana aprovechaba su puesto al frente del Palau de la Música para expoliarlo y que, de sus revelaciones posteriores, se deduce complicidad u omisión de clase política local empujaría a los catalanes a no desear la independencia en según qué manos. A no ser (ahí vendría la innovación) que el presidente del actual campeón de Europa de fútbol optara por entrar en política en plan Berlusconi.
Mientras, Juan Pérez se levanta cada mañana preguntándose si conservará el puesto de trabajo en los próximos meses.