Pedro de Silva
La berrea del venado es ya cita social obligada al inicio de otoño. En síntesis, sale una comitiva al anochecer, al mando de un guía, de un pueblo de montaña, camina un rato hasta un lugar alto y se pone a escuchar berridos del cérvido reclamando a la hembra. Los feligreses dicen en voz baja ooohhh, maravillándose de que estas cosas pasen todavía. Yo lo he hecho, pero las modas del converso me aterran. En realidad se puede asistir a una berrea sin salir de casa, aguzando oídos hacia medianoche, sobre todo si viven parejas jóvenes en el edificio, pero el amante de la naturaleza a fecha fija y con programa quiere castigarse para salvar su alma depredadora. Y bien está. Mucho peor es aprovechar el grito del venado para localizarlo y pegarle un tiro, como también se hace, y lo he oído en directo: ¡bbooouuuu!, ¡pam, pam!, ¡bbooouuu!, ¡pam, pam!, y así. Esos se condenarán sin remisión.