La fascinación por lo fácil
El mundo de la publicidad nos transmite una visión de las cosas con una amabilidad y una sonrisa que el hombre se ha ido acostumbrando a que lo normal es la satisfacción de sus necesidades. Nos hemos acostumbrado a lo fácil: exigimos más y soportamos menos. Quizá eso explique algunas manifestaciones de violencia física y moral que con demasiada frecuencia soportamos. El hombre de la sociedad de bienestar se siente descontento de todo y es insaciable en sus apetencias y esa misma inmadurez le hace sumamente frágil ante las dificultades: cualquier contrariedad le desequilibra, cualquier obligación o renuncia le parece una montaña insuperable. Ignora tal vez que la voluntad se demuestra cuando hay que exigirse ante las dificultades de la vida, pero se atrofia cuando todo son comodidades.
Y esto es así porque ya desde la infancia predomina una pedagogía de los sentimientos y no se hace referencia alguna a la formación de la voluntad. Palabras tan elementales como “disciplina”, “virtud” o “deber” han desaparecido del vocabulario pedagógico moderno y en su lugar se usan expresiones como “estímulo”, “motivación”, “realización” u otras similares.
Y ahí empieza el error de los modernos “formadores”. Pretenden formar sentimientos, no formar voluntades. Con este sistema no cabe duda que se está influyendo en la configuración de personalidades débiles; no se favorece el ejercicio de la razón y de la voluntad, es el reino de las sensaciones el que nos arrastra a todos en su dinámica. (Podemos recordar la letra y musiquilla en la tele: “Déjate llevar de las sensaciones”) Influido también por la cultura de la imagen, no es de extrañar que los ideales de superación hayan sido sustituidos por los deseos de las cosas.
La fascinación por lo fácil y el éxito a cualquier precio son manifestaciones de una prisa que se ha quedado sin domesticar.
Pepita Taboada Jaén
Málaga