Carlos Pérez Ariza
La Transición trajo a Málaga una Universidad, pero, como todo el sistema universitario público español, nació lastrada por una burocracia excesiva, por esquemas educativos tradicionalistas, por una endogamia impune y rara veces asediada y por una teorización apabullante. Después se instaló la masificación en sus aulas. Algunos vicios viejos cuesta mucho tiempo y esfuerzo erradicarlos.
Su rectora, en la mitad de su segundo mandato, dice que "la Universidad de Málaga tiene que ser una continuidad de la ciudad". Lleva razón y no se refiere a la extensión física, significa que la más alta institución educativa de la ciudad, no sólo debe mirar a Málaga, sino también escucharla. Adelaida de la Calle es una de las pocas mujeres rectora de las universidades españolas. Eso la distingue, pero no sólo desde el género, sino por su visión académica, progresista y europeísta.
Su rectorado ha ocupado la mayor transformación física del campus de Teatinos, donde ya se integra casi la totalidad de la UMA. Sobre sus terrenos avanzan las vías del Metro. Y aunque es un territorio inhóspito para transitarlo a pie o en bici, en su millón de metros cuadrados se quiere instalar la excelencia donde la modernidad sea el signo que dan las nuevas tecnologías.
No es poca cosa si tomamos en cuenta que la Universidad española se enfrenta al reto más importante de su historia: la convergencia con el espacio europeo de la educación superior a partir de 2010. Lo que la rectora quiere es iniciar ese camino en la ruta de la perfección académica e investigadora. Es una meta a conseguir, que situará a la UMA entre las primeras universidades de España con los consiguientes beneficios para la ciudad.
Estar cerca de la sociedad, como se desea que esté la UMA, significa entretejerse con el entramado empresarial en general, pero especialmente con el que forman las compañías innovadoras en nuevas tecnologías. Para ello, la asociación con el Parque Tecnológico de Andalucía es fundamental. El parque científico-empresarial que tendrá la Universidad en el nuevo campus de Teatinos será una proyección del propio PTA. Puede ayudar, y mucho, a salvar esa brecha entre lo que somos como entidades de investigación, pobremente equipadas, y lo que deberíamos ser a estas alturas de la historia universitaria española.
La UMA es la universidad andaluza que más alumnos extranjeros matricula. Otro signo de que vamos encontrando el camino de otro perfil desde los ojos foráneos. De 229.000, el 4,8 por ciento se han inscrito en esta Universidad.
Estas iniciativas conllevan el limar esa imagen de una Universidad de espaldas a la realidad social, refugiada en un excesivo olimpo teorizante, del que hay que descender, proyectando una nueva visión más cercana a la ciudad, como caja de resonancia de sus inquietudes, sus anhelos y sus esperanzas. Si es un signo de modernización, de puesta al día del ignoto territorio académico, será bienvenido por esta sociedad tan cerca del mar y tan lejos de su Universidad. Gaudeamus igitur.