Cayetano González
El ´espectáculo´ que de forma permanente están dando el Gobierno y el principal partido de la oposición es de los que inciden directamente en la desafección cada vez mayor que los ciudadanos sienten por la política y por los políticos. La bronca es permanente; las descalificaciones de un lado y de otro están al orden del día. En un escenario de grave crisis económica, lo que los ciudadanos querrían ver es que los partidos y los líderes políticos aparcaran sus intereses partidistas y electorales e intentaran lograr unos mínimos puntos de acuerdo para intentar sacar al País de la situación de postración en el que se encuentra.
Pero tanto Zapatero como Rajoy están haciendo todo lo contrario. Siempre he defendido que quien está en el Gobierno es el que tiene que hacer un mayor esfuerzo de entendimiento y de flexibilidad a la hora de buscar acuerdos en las grandes cuestiones de Estado con el otro gran partido de ámbito nacional. Parece evidente que el actual presidente del Gobierno no está en esa tesis. Prefiere pactar y buscar los apoyos en los caladeros más radicales o incluso volver a entenderse con los nacionalistas vascos del PNV después de haberles echado del Gobierno de Vitoria. Zapatero quiere mantenerse en el poder ´como sea´ y para ello confía en que la situación económica empiece a remontar en el segundo semestre del año que viene y tener tiempo para volver recuperar la confianza de los ciudadanos antes de las elecciones del 2012.
Mariano Rajoy tiene la espina clavada de sus dos derrotas electorales ante Zapatero y está convencido que eso no sucederá en la tercera oportunidad, que reclama para sí como si de un derecho adquirido se tratara. Toda su estrategia política se basa en aprovechar el desgaste que para el actual presidente del Gobierno está suponiendo el que 4.200.000 españoles estén sin empleo.
Pero a los ciudadanos, tanta bronca y tanto ruido les resulta francamente molesto. Los problemas con los que se enfrenta la persona que está en el paro, o los miembros de una familia en la que ninguno de sus integrantes tiene trabajo, o el pequeño o mediano empresario que tiene que echar la persiana a su negocio, nada tienen que ver con el clima de confrontación permanente que preside desde hace tiempo las relaciones entre el Gobierno y el principal partido de la oposición. Ambos están haciendo méritos de sobra para ser castigados en las urnas.